Diario de León

JUAN JOSÉ MARTÍNEZ JAMBRINA Psiquiatra leonés. Gestión Clínica de Salud Mental de Avilés

«No es igual una persona con depresión que un ‘disgustao’»

Juan José Martínez Jambrina, en la playa de Avilés. DL

Juan José Martínez Jambrina, en la playa de Avilés. DL

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Pacho rodríguez | león

El psiquiatra leonés, Juan José Martínez Jambrina, director de Gestión Clínica de Salud Mental de Avilés, participa en el Día Mundial de la Salud que en la ciudad avilesina se celebra bajo el epígrafe: Hablemos de la depresión. «No es lo mismo un verdadero deprimido que un disgustao».

Para encontrar a Juan José Martínez Jambrina en León hay que volver a los 80. Desde los Maristas, a ahora como director de Gestión Clínica de Salud Mental de Avilés, a este leonés del 64, hijo de don Etelvino, el médico de Valdefresno, en su última etapa, su trayectoria se caracteriza por no limitarse sólo a la tarea de despacho. Quiere más. Por sentido de servicio público y porque le quema la curiosidad. De ahí, por ejemplo, su presencia activa en el Día Mundial de la Salud 2017, que en Avilés se celebra bajo el epígrafe: Hablemos de la depresión. Este médico reparte juego a diestro y siniestro. De León a medicina en Salamanca, después Asturias, Madrid y con ancla ahora en Avilés, Martínez se pasa la vida corriendo con sentido. No añora León, porque se intuye por lo que dice que no se puede echar de menos la ciudad que ya no existe: «Cada vez que voy a León hay una cosa menos. Son sentimientos encontrados porque es una ciudad muy bonita con gente que hace muchas cosas», asegura. Aunque ver en directo a la Cultural es ahora una de sus citas preferidas. Sería un medio centro de la psiquiatría, porque los que le vieron jugar a él, han de recordar que inventaba casi coetáneamente el puesto que Cruyff creó para la historia. Aunque ahora juega sin balón. Con la cabeza para que no sea una pelota. Reclama un libro que explique los porqués de un León del que te vas y no volverás.

—Hablemos de la depresión. ¿Se habla poco, mucho...? ¿Cuál sería el término justo?

—De la depresión se habla mucho, demasiado. La verdadera depresión es una enfermedad grave. La tristeza es un sentimiento normal, no patológico y el malestar, ante las situaciones vitales es algo totalmente lógico y que la mayor parte de las veces nos estimula para salir del hoyo. Habría que renovar el término porque el estar ‘depre’ lo inunda todo. Y no es lo mismo un verdadero deprimido que un disgustao.

—¿Cuántas veces parece depresión y no lo es y cuántas veces es al revés?

—La verdadera depresión tiene tres síntomas claves: la tristeza vital (no pasajera), los sentimientos de culpa graves y la inhibición o el enlentecimiento psicomotriz. En un país con un sistema de salud mental desarrollado como el nuestro es difícil que pasen cuadros graves desapercibidos. Pero algunos se escapan, claro, sobre todo si la depresión se oculta tras otras alteraciones en el organismo. Son las llamadas ‘depresiones enmascaradas’. El sufrimiento cotidiano e inherente a la vida. Y la consecuencia es que cuando queremos tratar a los que están enfermos de verdad resulta que no hay medios suficientes porque los consumen los ‘no enfermos’. No podemos estar tratando por depresiones a un 15 % de la población. Las depresiones reales no superan el 7 %.

—Una pregunta igual imposible. ¿Se puede prevenir? ¿Hay hábitos recomendables?

—Claro que se puede prevenir. Hay intervenciones muy básicas como llevar un régimen de vida estable, dormir bien, hacer ejercicio de forma regular (el ejercicio físico es muy importante en esto), evitar el abuso de tóxicos. También todo tipo de actividades creativas. En realidad, el ser humano ha cambiado muy poco desde que existe como tal y no hemos dejado de salir adelante. Ese factor llamado resiliencia que nos hace fuertes ante la desgracia es de las facetas más gloriosas y valiosas del ser humano.

—¿En el fondo todo es seguir preguntándose por dónde se sale de aquí?

—Es cierto. Esa es una de las primeras preguntas que debemos hacernos ante una situación adversa. Lo que no tiene sentido es que el primer paso sea pedir ayuda. Vamos a sentarnos, vamos a tranquilizarnos y vamos a elegir de entre las opciones posibles la que nos parezca más viable, ya que no podemos elegir la mejor porque no podemos predecir el futuro. Pero no podemos retirar el sufrimiento de nuestras vidas. Retirar ciertas vivencias es dejar al ser humano sin recursos para el futuro.

—Estudió en León hasta COU. Luego, la carrera en Salamanca. Después en Madrid. ¿Cómo llega a Asturias?

—Sí, estudié hasta COU en León, en los Maristas. Y como uno es de donde hace el Bachillerato, pues yo soy de León, contento de ser de aquí. Al acabar la carrera en Salamanca me fui a Asturias a hacer el MIR en Psiquiatría. Yo no conocía apenas Asturias pero me llamó la atención el proceso de reforma de la atención psiquiátrica, que estaban dando pasos para superar el Hospital Psiquiátrico. Y esto me atrapó.

—Desde Avilés, ¿cómo se ve León? ¿Pajares le deja verlo?

—León sigue siendo un referente para casi todo. La persona que me precedió en la jefatura que ocupo, era Enrique Peñuelas, psiquiatra excelente. Era de Soria. Murió hace tres años pero unos meses antes de morir me hizo una confesión que me dejó paralizado. Me dijo: Juanjo, me equivoqué. Nunca debí salir de Soria. Me dio sus razones. A mí me pasa un poco lo mismo.

tracking