Camino, Verdad, Vida
P arece que hay incontables caminos para llegar a la plenitud. Políticos, científicos, filósofos, teólogos de todos los tiempos, culturas y religiones, quieren convencernos de la bondad de sus caminos. Jesús va más allá: ¿el camino? «Yo soy el camino; nadie va al Padre sino por mí». La religión no es una ética, una teoría, unas prácticas religiosas. Lo religioso es la dimensión más profunda del hombre, el último reducto donde se debaten las cuestiones básicas sobre el sentido de la existencia. Las grandes verdades, las más elementales pero, a la vez, las verdaderamente vitales -las clásicas «verdades eternas»- quedan sin contestar por la ciencia. De lo más importante, de lo realmente necesario para vivir, no sabemos nada. La respuesta no pertenece al ámbito de la ciencia sino al del misterio. Se resuelven en el ámbito de las creencias, en la fe o en el ateísmo -que no deja de ser una fe-. Podemos preguntarnos: ¿Por qué la vida? ¿Y la muerte? ¿Por qué el amor, el egoísmo, la paz, el odio, la violencia, el dolor, la vejez, la soledad, el hambre, la injusticia, el tiempo...? ¡Tantas preguntas! Hace dos mil años, un hombre, nacido en un lugar oscuro de Palestina, llamado Jesús, murió a los 33 años clavado en una cruz. Muchos dicen que fue un iluso o un impostor. Por eso, Jesús recuerda a Tomás, y a todos, que hagamos nuestra su pregunta: si creemos que él es la Verdad y la Vida, seguro que hallaremos en Él el Camino que lleva al Padre. Un camino que facilita nuestra búsqueda de Dios. Si buscamos a Dios, miremos a Jesús y en Él encontraremos el sentido de todo.
Creemos que fue un hombre nacido de mujer, pero creemos también que era Dios, el Hijo de Dios, enviado para revelarnos su misterio, que es el nuestro. Murió, pero resucitó. Vivió, pero sigue vivo, en un modo de existencia que nosotros también tendremos más allá de la muerte. Creemos en Él y aceptamos que es el Camino, la Verdad, la Vida. En él hallamos una respuesta a las preguntas esenciales del hombre, más satisfactoria que los balbuceos ofrecidos por la larga historia de todos los pueblos. Millones de hombres preguntan. Jesucristo es la respuesta. Haberse encontrado con Él eso es ser cristiano, y no otra cosa. Transmitir esta noticia a todos los hombres -lejanos y cercanos- eso es la Misión. Esta cuaja en nosotros mismos cuando acogemos la seguridad de que en Jesucristo está realmente la solución de nuestras preguntas. Una misión que ofrece un sentido nuevo y gozoso para nuestra existencia.