Diario de León

RETRATOS CALLEJEROS

El jugador leonés de la Cultural que ascendió a Primera

Francisco Blanco Chivina, protagonista del ascenso del 55

Francisco Blanco Chivina.

Francisco Blanco Chivina.

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CARMEN TAPIA | LEÓN
León

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Francisco Blanco Chivina estaba en el banquillo como portero suplente el 10 de abril de 1955, cuando la Cultural vencía 3-2 al Real Avilés y conseguía su primer y único ascenso a Primera División. Chivina, apodo que le puso un periodista del DIARIO DE LEÓN por su agilidad en la portería, —«parecía una cabra», recuerda— es el único jugador de León vivo del equipo que se convirtió en un emblema para la ciudad. El portero titular, Amaro, jugó todo el encuentro y, tras la victoria, el club contrató a Cosme, procedente del Real Madrid, que se convirtió en el segundo portero de la Cultural de Primera División, relegando a Chivina al tercer puesto. «Yo ascendí con la Cultural a Primera División». Después volvió al Júpiter Leonés, de donde procedía.

Blanco fichó por la Cultural con 22 años, en la plantilla del año 54-55. El entrenador Galarraga se fijó en él y Antonio Amilivia, ingeniero de Caminos y presidente de la Cultural, hizo una gestión directa con el presidente de la séptima zona de Renfe para que le permitiera asistir a los entrenamientos. «Yo era oficinista de Renfe y entrenaba durante tres horas los martes, miércoles y jueves». En los partidos de la fase de ascenso a Primera jugó en 18 ocasiones. «En la primera ficha que me hicieron cobraba 1.800 pesetas al mes», un buen sueldo para la época. «La prima que me dieron por ganar en Pamplona al Osasuna fue de 10.000 pesetas y dejábamos un 20% para los que no jugaban».

El equipo brilló. «León tenía entonces 75.000 habitantes y los futbolistas éramos muy conocidos. El mejor recuerdo de mi vida fue fichar con la Cultural. Era el resurgir, la ilusión», asegura, y destaca la amistad entre los jugadores lo que más ha aprendido a valorar con el tiempo. El pasado domingo siguió el partido de ascenso a Segunda por la televisión. «Es un buen equipo, tiene mucha técnica. Nosotros teníamos muchas ganas, salíamos a correr y darlo todo, pero técnica, poca». Chivina fichó por la Hullera Vasco Leonesa, primero de portero y luego como entrenador. «Estuve allí cinco años y llegamos a ganar a la Cultural». Allí cobró su mejor sueldo, 33.000 pesetas al mes, y conoció a su mujer, María Jesús Hermosa González, «una niña bien» —como la define con cariño— hija del constructor que levantó el campo de fútbol de Santa Lucía, donde él jugó después tantas veces. Con ella tiene tres hijos.

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