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Medio siglo para encontrar al padre
Una mujer vietnamita logra conocer a su padre, un soldado norteamericano que luchó en la guerra

La vietnamita Nguyen Thi Thuy, que gracias a una prueba de ADN ha encontrado a su padre. ERIC SAN JUAN
eric san juan | hanoi
Cuando ya estaba perdiendo la esperanza y gracias a una prueba de ADN, la vietnamita Nguyen Thi Thuy ha encontrado a su padre, un antiguo soldado estadounidense que a sus 69 años ignoraba haber dejado atrás una hija cuando terminó su misión en Vietnam.
Thuy, de 45 años, recuerda emocionada la primera conversación telefónica con su padre el pasado mes de marzo, cuando la organización Fatherfounded, dedicada a reunir a veteranos de guerra de EEUU con sus familias vietnamitas, les puso en contacto. «Hablamos con la ayuda de un intérprete porque no sé inglés y él no sabe vietnamita. Me dijo ‘hola, hija mía’. Me pidió perdón por no estar conmigo y, aunque él tiene otra familia, me ofreció ayuda. Yo no podía parar de llorar, casi no pude decir nada», rememora a Efe.
Fue la culminación de una búsqueda que comenzó en 1990. Todo lo que tenía Thuy era un nombre, Robert Richardson, destinado en Long Binh, cerca de la antigua Saigón, entre 1972 y 1973 y la descripción física que le hizo su madre. «Me dijo que era muy parecido a mí, el mismo cuerpo. Y también el color de la piel. Aunque él es negro, no es muy oscuro. No tengo fotos porque después de la guerra mi madre las destruyó por miedo», explica. La historia de su madre es similar a la de miles de mujeres que alumbraron a niños de padre norteamericano: trabajaba en las dependencias militares y tuvo una relación de varios meses con Richardson, pero cambió de trabajo, dejaron de verse y cuando quiso anunciarle su embarazo él ya había regresado a casa. Obsesionada con las posibles represalias de las autoridades comunistas, dio a Thuy en adopción y formó una nueva familia.
De su infancia en el pueblo de Cu Chi, en el sur del país, recuerda las largas horas de trabajo en el campo y la insoportable soledad. «Los niños se reían de mí, me insultaban. Un día me siguió un gran grupo de niños al salir de la escuela con palos y piedras. Nunca me sentí a gusto en el colegio».