CORNADA DE LOBO
No es obligatoria
Es bastante trola que la corrupción sea el segundo problema que más preocupa a los españoles, según pontifica la última encuesta del Cis revelando que ha subido doce puntos el temor social. No lo parece, sólo es sarpullido, irritación cutánea... y se volverá a votar a los corruptos; cada uno a los suyos, faltaría más.
Si hoy los españoles dicen que la corrupción es lo segundo más grave, no es por estar viendo más quorum en el banquillo del juzgado que en la bancada de un hemiciclo; no es por repugnancia moral; tampoco por las decepcionantes evidencias que dinamitan la fe en las instituciones... en realidad, lo único que sulfura es el bulto y la chulería, no la filosofía, «filosofía de la sustancia» que nos es tan familiar, antigua y lucrativa... en fin, lo que realmente cabrea es el tamaño del botín (envidiando secretamente los repugnantes lujos que nos daríamos si fuera nuestro) y la puta impunidad que les parió, esa arrogancia que se gastan y esos sus gustos tan garrulos.
Sócrates tajó: el gusto por la corrupción es nuestro, tanto gusto... nadie dejará de saludarla si le permite enchufar pariente o amigo, robar al simple o estafar al común, no os engañéis.
Peláez sacó su ipad de cañón recortado buscando citas y disparó dos... Noel Clarasó: «Un hombre de estado es el que pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas»... inapelable... ¿y qué negocio no suscribe hoy la doctrina del americano Murray Rothbard?, «En numerosos países no funciona el motor de los negocios sin el lubricante de los cohechos. En este sentido, deberían evitarse las acciones paralizadoras y las reglamentaciones y exacciones destructivas. Un «gobierno corrupto» no es necesariamente un mal asunto. Comparado con los «gobiernos incorruptos», cuyos funcionarios imponen la ley a rajatabla, la «corrupción» permite al menos el florecimiento parcial de transacciones y de acciones voluntarias en el seno de la sociedad».
¿No cabe la esperanza?, ¿no hay algún modo de combatir la corrupción?... no sé, pero nos consuela Robinson Jeffers: «La corrupción no es obligatoria».