Diario de León
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Einstein nunca pensó que pudieran detectarse. Pero en septiembre de 2015 se produjo el sensacional descubrimiento. Los dos detectores de LIGO constataron no una, sino hasta tres veces tales perturbaciones. De la última, todavía quedan reverberaciones originadas hace 3.000 millones de años a causa del choque y posterior fusión de dos agujeros negros que acabaron creando uno solo, de tamaño gigantesco. No en vano, estaba dotado de una masa equivalente a 49 estrellas como el Sol. Al fundirse, parte de la masa de los agujeros negros se desintegró en forma de ondas gravitacionales. Estas ondulaciones son inaprehensibles cuando llegan a la Tierra, pero los interferómetros de láser de LIGO son capaces medir cambios de posición equivalentes a la diezmilésima parte del diámetro de un protón, lo que hace posible captar la señal original y esclarecer su origen. En 2016 la revista ‘Science’ eligió este hallazgo como el descubrimiento del año. Sus autores también son favoritos con miras a adjudicarse el Nobel de Física

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