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PEDRO TRAPIELLO
León

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Mandó de un punterazo certero al cielo una pregunta: ¿cabe la deportividad fiscal en el deporte-negocio; se exige?... desconcierto entre tertuliantes, menos Sócrates: «pues no»... y exigió otro tema, «no hay nada nuevo ahí que no hayáis visto en el agitado tablero nacional donde juegan empresa y política trabando intereses o acuerdos que acaban cerrándose invariablemente con putas o cacerías; Villar es otro déjà vu»»... pero Octavito insistió: y cuando el deporte se hace religión (en fútbol, el patadón es la hostia), ¿pasan también el cepillo en sus eucaristías?... ¿son sus estadios las catedrales de hoy?... ¿no parecen obispos los presidentes de club y cardenales la federación?... ¿no se dan en el fútbol aquellos vicios tan vaticanos del nepotismo, la simonía, las bulas pontificias o la venta de indulgencias, reliquias, camisetas, ascensos de división o descensos al infierno, corretajes, donaciones?... ¿cómo hay tanta mierda en el fútbol español?...

Nos viene de escuela.

Y tendrá que responderlo Villar, ahora en el trullo sin fianza... y mañana en el banquillo sin confianza... porque el juez Pedraz lo tiene muy claro: hay todo eso y más... a esa «organización para delinquir» le cabe casi entero el código de delitos financieros.

La mierda dorada que recama los retablos del fútbol empieza ahora a resplandecer. Muchos la conocían desde hace años, ¿y?... quietos todos mientras se reparta... pero el que no pilla canta... y al religioso fútbol le pasa igual que a las demás religiones, como la religión cultural donde son catedralicios los casos del Liceu, la Sgae... o la religión sindical, donde la minería asturiana da la mano a los eres andaluces para hacer chinchín con coca y carabineros... o la religión nacionalista, donde «si se roba pal conventu no es pecatem» fijándose las limosnas en el tres per cent... o la mismísima Religión con una iglesia de Castilla y León a la que acusan ahora de bordar con crucetilla de monja cuentas y cifras de su largo ciclo Las Edades del Hombre.

Es la Teoría del Cepillo, asúmelo.

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Sócrates nos desmoralizó: ¿habrá en España algo que no esté pringado?...