Diario de León

«León no es sólo la Catedral, tiene valores naturales increíbles que debemos cuidar»

ANTONIO LIÉBANA | FOTÓGRAFO | DE ÁFRICA A OMAÑA

Antonio Liébana posa en la conocida y céntrica calle Ancha de León. MARCIANO PÉREZ

Antonio Liébana posa en la conocida y céntrica calle Ancha de León. MARCIANO PÉREZ

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La principal tarea de cualquier fotógrafo profesional es «comunicar» para hacer partícipe al ciudadano de a pie de lo que ellos ven. Esta es la forma de convertir una imagen en un canal que «ayude a la conservación» de lo que se muestra: desde el lobo ibérico —tan amenazado en España y ya extinguido en Andalucía y Extremadura—, hasta la agricultora de la marisma onubense. Antonio Liébana (Madrid, 1977) goza de igual manera fotografiando a un «paisano en un pueblo en un cubil de gochos» como en lo alto de la montaña capturando a un águila imperial en estado salvaje. Hace veinte años, cuando no había tanta formación e información como ahora, «quelevantas una piedra y te salen dieciocho mil blogueros enseñándote», los fotógrafos tenían que buscarse la vida para aprender a «disparar». Tras los conocimientos mínimos que adquirió en unos cursos del Ayuntamiento de Alcobendas y despuñes de pasar por la mano del gaditano Fernando Herráez, Liébana prosiguió su camino de forma autodidacta: a base de prueba y error —y entonces había que ir a revelar para ver los resultados—. Después de viajar por todo el planeta, «salvo Oceanía», la provincia de León y su ecosistema le cautivó tanto que decidió comprarse una casa en Omaña. Su disciplina favorita es... ¡La fotografía! Paisaje, naturaleza, fauna, macrofotografía, publicidad, alimentación, arquitectura, nocturna... No hay especialidad que se le resista al madrileño. Desde hace varios años es fotógrafo oficial de Canon —también tester, es decir, prueba los productos de la compañía japonesa—, su trabajo es de los más reconocidos en España y compagina las horas de hide (el escondite en que se camufla el fotógrafo con el entorno para hacer fotos) y viajes fotográficos con los más de 60 talleres que imparte al año.

—¿Cuando descubriste el mundo de la fotografía?

—Gracias a la figura de Félix Rodríguez de la Fuente descubrí, incialmente, mi atracción por el mundo natural. Las primeras incursiones las hice en la sierra de Madrid haciedo treccking y montañismo. A los dieciocho años compré mi primera cámara con un dinero que había ahorrado y desde entonces mi gran motivación ha sido la necesidad de plasmar los momentos que vives en el medio.

—Cómo acaba un madrileño en Omaña...

—Miryam, mi compañera de aventuras (con permiso de Noa), me dijo tras volver de Gredos que podíamos ir a pasar el finde a Omaña, ‘que no está muy lejos’. Llegué de noche y al día siguiente, amaneciendo, flipé. Fue tanta la vinculación con el sitio y vi que tenía un potencial enorme de valores naturales que desde entonces mis ‘vecinos’ son los lobos, los osos y los urogallos.

—Y Noa, ¿quién es?

—Noa llegó a la familia porque yo estaba mucho fuera de casa. Pero desde muy chiquitita ha sido mi gran compañera para hacer fotografía de paisaje y macro y aguanta frío, calor y lo que le echen. Es mi perrita, mi labradora blanca.

—¿Qué opinión te merece León, como provincia?

—Soy un enamorado de la sierra de Madrid pero la provincia de León lo tiene todo. Tenemos desde Picos de Europa, páramo, ribera; campos de cereales con las últimas avutardas de Castilla y León, quebrantahuesos, las mayores poblaciones de urogallos libres como en Omaña, lobos, y cómo no, los osos. Desde que empecé hace doce años ha sido una de mis prioridades reivindicar que León no es sólo la catedral, tiene unos valores naturales increíbles y es caridad de todos cuidarlos.

—¿Cual es tu modus operandi?

—En mi caso tengo tener muy claro lo que voy a hacer según la época del año. Estudiar la biología del animal y preparar muy bien el territorio, la escena. Después las horas de observación para saber cómo se comporta el ‘bicho’. Ahora estoy trabajando el Halcón Abejero: de las ciento ochenta horas de hide que llevo sólo lo he tenido delante tres.

—¿Es duro trabajar en invierno en León?

—A mí me encanta. La nieve tiene un valor añadido sobre las fotos y en León se puede trabajar. No es fácil estar diez horas en un metro cuadrado esperando una especie, pero la recompensa visual merece todo el sacrificio.

—¿Cual es la mayor complicación que has tenido como fotógrafo?

—Pues he estado con leones en África, en medio de la jungla colombiana y los cárteles de la droga, en Finlandia con osos enormes... Y donde más miedo he pasado es a trescientos metros de mi casa (risas)... Una tormenta de verano mientras fotografiaba un nido de autillos me pilló por sorpresa y pensé que no llegaba a casa porque los rayos caían al lado. Hace años me apuntaron con un kalasnikov por hacer una foto junto a un campamento saharaui y ni ese día tuve tanto miedo como el de la tormenta.

—El lugar más recóndito en el que te has visto...

—Pues de encontrarme en sitios remotos en la frontera con Rusia como hace diez días; o estar sin referencias en el sur del Serengueti... Pero esa sensación de sentirse en medio de la nada la puedo encontrar también en Picos de Europa. León tiene muchos lugares así.

—¿Cuántos cursos impartes al año?

— Como fotógrafo de Canon hago actividades con la marca y luego imparto talleres privados con empresas especializadas. Desde fotografía urbana, viajes, fauna, macrofotografía, paisaje... no sé el número pero estos cursos me tienen ocupado gran parte del año.

—También eres tester de Canon...

—Entre el periodo que se presenta un equipo y lo que este tarda en salir al mercado pruebo los equipos y doy mi opinión con una función muy importante: saber cómo va a ser el producto, cuales son sus ventajas sobre el modelo anterior para poder hacer mejor mi trabajo.

—¿No te da miedo que hoy uno se compra un iPhone y ya es fotógrafo?

—Como decía Alberto García-Alix «la democratización de la fotografía iba a traer cosas muy buenas y cosas muy malas». Cada vez hay más talleres, más gente interesada en conocer, más páginas web en las que aprender a hacer fotos. La fotografía con el móvil está bien pero a nivel profesional no hay comparación. Al no controlar los parámetros de la foto (apertura, velocidad) estás subyugando la creatividad, es algo muy plano y el teléfono hace en un 50% lo que le da la gana. Tu obra no puede estar supeditada a Instagram.

—¿La fotografía de naturaleza es útil para concienciar a la sociedad de que nos estamos cargando el planeta?

—Es vital. A parte de vivir experiencias increíbles cerca de la fauna salvaje, una vez has pasado ese momento privado junto al animal el compromiso de cualquier fotógrafo de cualquier disciplina es comunicar, ya sea en una revista impresa o en una red social. Tenemos que dar valor al momento que hemos vivido para después hacer partícipe a la gente de ello y que sea un canal para conservar eso. Puede ser desde un lobo o un espacio natural hasta un uso tradicional como la siega en la montaña.

Una leona con su cachorro fotografiados por Antonio Liébana en África. FOTO: ANTONIO LIÉBANA

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