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Pompas fúnebres para las mascotas

La fiebre por humanizar a los animales incrementa el número de tanatorios dedicados únicamente a ellos

Los egipcios también enterraban y momificaban a sus mascotas. SECUNDINO PÉREZ

Los egipcios también enterraban y momificaban a sus mascotas. SECUNDINO PÉREZ

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josé luis álvarez | madrid

Cuando una mascota se muere llega el momento de pensar que se debe hacer con su cuerpo. Si es pequeña, en la mayoría de las ocasiones se opta por la tirarla a la basura. El problema es cuando se trata de un animal que pesa más de cinco kilos y, sobretodo, si se le ha cogido cariño. Por ello cada vez son más las empresas dedicadas al sepelio de mascotas, con precios a partir de los 200 euros, pero con ceremonias que pueden ser más caras y pomposas, en las que el cliente tiene un amplio abanico de posibilidades para decir adiós a su ‘Fifi’, ‘Pepe’ o ‘Goliat’.

Ante la muerte de una mascota se abren varias posibilidades para deshacerse de su cuerpo. Si es tipo pájaro, ratón o una tortuga, lo normal es que vaya al cubo de la basura. Lo más corriente en tamaños mayores, tipo gato, perro, cerdo coreano o hurón, entre otras variedades de especies que habitan los hogares españoles, es que se lleve el cadáver al veterinario o se avise al servicio municipal de recogida de animales muertos si es que existe en la localidad. Pero en una sociedad de consumo, donde son miles los hogares con una mascota, los animales son humanizados por sus dueños. Para estas personas, han nacido los servicios de pompas fúnebres para mascotas. Poco o nada se diferencian de las que en los tanatorios se dispensan a los humanos. Velatorio, crematorio y nicho. De todo y para todos los gustos.

Cremascota es un tanatorio para animales donde los dueños pueden despedirse de ellos antes de ser incinerados. Su responsable, Sergio Lázaro, explica que su empresa recoge los animales fallecidos, tanto en los domicilios como en las clínicas veterinarias, «trasladamos al animal hasta nuestras instalaciones, donde se hace la incineración y luego entregamos a domicilio o en las clínicas sus restos en una urna de madera o cerámica junto al certificado de la cremación». «Hay veces que la gente prefiere traerlo, por lo que les damos una cita para que vengan y se despidan del él», añade.

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