LA ÚLTIMA DEL DIARIO

Mucho más que una pelea de tomates

El PP pide que la fiesta de la Tomatina de Buñol opte a Patrimonio de la Humanidad

Los participantes en la fiesta se pudieron bañar en un caldo de tomate. MIGUEL ÁNGEL POLO

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

efe | valencia

El grupo popular en el Congreso de los Diputados ha propuesto que la fiesta de la Tomatina, la batalla de tomates que se celebra cada último miércoles de agosto en Buñol (Valencia) y de reconocida proyección internacional, sea candidata a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

En una proposición no de ley (PNL) registrada ayer a la que ha tenido acceso Efe, el PP insta al Gobierno a que «apoye y defienda en las instancias internacionales oportunas» la inscripción de esta fiesta, que ayer se celebró en Buñol con 22.000 personas, en la lista representativa para este reconocimiento.

Presentada a instancias del diputado por Valencia José María Chiquillo, la PNL pide ese apoyo previa aprobación del Consejo de Patrimonio Histórico y su grupo de Patrimonio Mundial e Inmaterial y «sin que implique ningún coste presupuestario adicional». Chiquillo explica que la petición cuenta con los informes favorables del Ministerio de Cultura para ser candidata de España a un reconocimiento que ya el año pasado lograron las Fallas de Valencia.

Como cada último miércoles de agosto desde hace 72 años, la pequeña localidad valenciana de Buñol acude entregada a su cita con la guerra a tomatazos que le ha dado fama internacional, una ‘chifladura’ cada vez más organizada y con mayores medidas de seguridad.

La intensa presencia policial, mayor que en anteriores ediciones, y los controles de seguridad, hasta cuatro consecutivos, a los que han sido sometidos los participantes, fue ayer la nota dominante en la presente edición de esta fiesta, condicionada inevitablemente por los últimos atentados de Cataluña.

En los últimos cinco años, la Tomatina parece haber encontrado una fórmula que garantice la continuidad de la fiesta, tras años de excesos y casi hasta hastío de sus vecinos, y un equilibrio entre asistentes, 22.000, y tomates, 160 toneladas (sin contar los que se lanzan desde azoteas y balcones), una cifra que por primera vez en los últimos siete años se mantiene estable.

El cielo plomizo, el ambiente fresco y la amenaza de lluvia no deslucieron ayer en lo esencial esta fiesta, inmutable siempre en el exceso, tan intensa como efímera.

La guerra fue breve, apenas 63 minutos, entre las 10.55 y las 11.58, bastaron para colorear de rojo pasión todo el centro de Buñol; y ya completamente empapados, hubo quienes aprovecharon la oportunidad para nadar en caldo de tomate.

Cargando contenidos...

El nerviosismo de la multitud ante la inminente llegada de los tomates, que se huelen antes de tocarse, el griterío ensordecedor, los cubos de agua cayendo desde los balcones y los bocinazos estremecedores de los camiones en calles estrechas y abarrotadas han vuelto a componer un puzzle de sensaciones inigualable.