Un E.T. leonés sobrevuela Gijón
Hasta treinta artefactos voladores caseros competirán mañana en el Puerto Deportivo de la ciudad para llevarse la victoria. Y de los treinta equipos uno de ellos tiene representación leonesa: E.T. Mi casa teléfono volará como lo hizo en la película de Spielberg.

El día de las alas de Red Bull llena las ciudades por las que pasa de amantes del vuelo. DL
gonzález gonzález | león
Todos recordarán cómo Steven Spielberg hizo volar en una de sus pelis a un extraterrestre en bicicleta. La histórica escena del cine se repetirá mañana pero con distintos matices. No volará sobre un bosque sino sobre el mar. Y aunque sólo habrá alguien subido a esa bici, otros cuántos tendrán que ayudarle a alzar el vuelo.
El Día de las Alas de Redbull llenará de aficionados a las alturas el Puerto Deportivo de Gijón. De los treinta equipos que se han presentado, hay uno made in León. El equipo está formado por cinco personas, estudiantes de Ingeniería Aeronáutica todos ellos. Dos leoneses, un astorgano, un gallego y un madrileño son los elegidos para llevar a León a la cima de los artefactos voladores no identificados. El responsable de todo es Vincent Xavier, el presidente de la Asociación Cielos de León. «Es la primera vez que asistimos a este evento, pero desde nuestra fundación es una oportunidad para los estudiantes», señala Vincent.
De los cinco que forman el equipo, el encargado de saltar sobre el mar será el que menos pese. «En Gijón tienen prevista una plataforma plana a seis metros de altura y si pretendemos hacer que vuele hacen falta unos conocimientos mínimos de aerodinámica», afirma el presidente de Cielos de León. También el evento sirve para poner a prueba las capacidades de estos jóvenes estudiantes que, una vez comienzan a construir el artefacto de forma casera, descubren los problemas que hay entre lo que dice la teoría y lo que sucede en la práctica.
TRABAJO DURO Y OPTIMISMO
Pero para llegar a esto, desde el equipo han tenido que trabajar durante varios meses para construir el aparato volador. Los jóvenes diseñaron cómo querían hacer el artefacto y Vincent fue el encargado de conseguir los materiales. Pese a todo el esfuerzo, Vincent considera que es un trabajo efímero: «el tiempo que se ha empleado en construirlo luego se reduce a segundos y va al agua, y de ahí, a la basura», comenta con ironía.
Además el equipo es optimista. «Tenemos verdaderas opciones de ganar, se lo han currado muchísimo», asegura Vincent. Pocos diseños hay como el del equipo de León y la lástima es que no gocen de un presupuesto más elevado para poder aspirar con más opciones a ser los campeones. Sin embargo no hay tanta positividad cuando se menciona superar el record histórico del Día de las Alas: un equipo californiano logró volar 78,5 metros y superarlo es inviable.
LOCOS POR VOLAR
«Hemos empezado construyendo aviones. En la actualidad tenemos cuatro aviones en construcción y quienes trabajan en ello son leoneses apasionados del vuelo». Así de certero se muestra el presidente de Cielos de León, que nació hace tres años de la mano de Vincent Xavier Cordiel —aunque Vincent llegó a España hace ya diecisiete primaveras—. Pese a llevar poco tiempo funcionando sus méritos ya han sido reconocidos a nivel nacional: les concedieron el Premio del Ejército del Aire de Promoción a la Aviación. «Es algo muy complicado de conseguir y vino hasta la ministra a entregarnos el premio. Que nos reconozcan la labor que hemos hecho en estos tres años, que creo es poco tiempo, es todo un honor» revela Vincent. El presidente destaca que lo que están haciendo en León es un proyecto pionero, ya que este año han comenzado a dar clases de aeronáutica a niños de entre 11 y 12 años. «Se apuntaron treinta alumnos y ha sido un auténtico éxito. La aeronáutica es complicada y ningún chico se desapuntó. De hecho todos quieren repetir el año que viene por lo que estamos muy orgullosos», asegura Vincent. Además, todos los años organizan un Rail Aeronáutico, que consiste en hacer una ruta aérea que pasa por Portugal y España. El año pasado consiguieron hacer la Rail con más participantes a nivel nacional y hasta veintitrés aviones se dieron cita para volar juntos sobre la península ibérica. Todo un espectáculo para la vista.
Y es que el deseo de Vincent es «que la gente se acerque al mundo del vuelo». Porque es un enamorado de la aeronáutica, de esos kamikazes de la vida que están locos por volar, y que mañana se reunirán con muchos otros como él para desvirgar el cielo de Gijón.