EL BAILE DEL AHORCADO
Joaquín Costa
Dice José María Merino que lo que persiguen los separatistas catalanes pertenece a una tradición tan española como es la concepción de la vida como sueño. En España siempre se confunde la ensoñación con la realidad. Puede que ese sea el denominador común, el hilo invisible que cose el país. Por eso, la apuesta independentista nace muerta, será como una ola que no dejará más que un velo de espuma y que, rápidamente, desaparecerá. No será en vano. En esa estela nos dejaremos energía y moneys, seremos un país un poco más pobre y menos preparado para una realidad que ya casi nadie entiende. El bucle en el que nos enzarzamos sigue siendo tan melancólico como en época de Joaquín Costa —no estaría de más retomar Oligarquía y caciquismo—. El pragmatismo siempre estuvo al otro lado del Mont-rebei, pero los catalanes han perdido un poco de su ser en esta guerra con el Estado de la que saldrán un poco más tristes y, sin duda, más pobres. Una pensaba que un catalán de verdad estaría pensando en fintech y big data, pero resulta que no, que esa nostalgia surgida al calor de mentiras y azuzada por el soplo de la codicia les ha cambiado para hacerles un poco más españoles (aún más)...
Pedro Sánchez da vía libre al 155, que es como decir que cree que ya todo está perdido, que el independentismo ha decidido optar por un camino paralelo al nuestro, con lo que nuestra única opción es cortarle el paso. Ensoñación... Una diría (otra vez) que Cataluña, como España, se resiste a abandonar la edad de la adolescencia, que es la de la inocencia. ¿No es más fácil madurar? La transición nació para diez años y llevamos ya cuarenta, demasiado tiempo viviendo en la pubertad de un momento que debió cerrarse ya. Dejémosle descansar —se lo ha ganado— y abramos un proceso constituyente de verdad, sin miedo, pero sin complejos. Sin eso, despidámonos y despídanse nuestros descendientes de ver jamás a España rehabilitada, libre, culta, rica, fuerte, europea, y colaborando en la formación de la historia y en sus reivindicaciones y adelantos. La frase es de Joaquín Costa. Aún.