Diario de León

‘Muletas humanas’ para andar pese a la discapacidad mental

La figura del asistente personal se relanza con un programa pionero para personas con discapacidad por enfermedad mental que involucra a profesionales y a personas afectadas que, como Gloria, acompañan a otros pacientes psiquiátricos en el proceso para ser protagonistas de su vida con más autonomía e integración social

Enseñar a hacer una lista de la compra a una persona con enfermedad mental y acompañarla a las tiendas es una de las tareas del asistente personal. RAMIRO

Enseñar a hacer una lista de la compra a una persona con enfermedad mental y acompañarla a las tiendas es una de las tareas del asistente personal. RAMIRO

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ana gaitero | león

Las barreras a las que se enfrenta a diario una persona con enfermedad mental son invisibles. Hay quien no puede levantarse de la cama ni hacer unos horarios fijos; hay quien acumula ropa sin estrenar y no es capaz de gestionar su economía; también hay personas a las que su enfermedad les limita para comunicarse, tener vida social...

Cada persona es un mundo. Lo que parece sencillo, o no es un problema para el común de los mortales, puede convertirse en una odisea, el ostracismo y el apartamiento de la vida para quien tiene una discapacidad por enfermedad mental. «Acompañar a la persona en su medio de vida, proponerla unarelación para surgen a diario y para sortear las barreras internas y externas que le impiden utilizar los recursos necesarios para su integración social», tal y como dice el psiquiatra Fernando Colinas, es el reto de la intervención comunitaria en salud mental.

Alfaem Salud Mental León relanza la figura del asistente personal, reconocida en la Ley de Dependencia y Promoción de la Autonomía Personal, con un programa pionero que incorpora a nuevas profesionales y también a personas con discapacidad por enfermedad mental para convertirse en los ‘pares’ de otros pacientes que necesitan ayuda en su vida diaria. Un total de siete personas con enfermedad mental que viven en la residencia y otras seis en sus domicilios son las beneficiarias actuales de este servicio.

Para algunas, el objetivo es poder llegar a vivir por su cuenta. Para otras, llevar una vida organizada, hacer ejercicio, disfrutar de actividades de ocio. Todo depende de sus capacidades, no tanto de sus limitaciones.

«Antiguamente, el destino de los pacientes estaba ligado al hospital psiquiátrico, no había intención de que el enfermo se integrara de nuevo en su ambiente», explica Raquel Martínez, directora del área de Programas y Autonomía Personal de la asociación leonesa.

Ahora se trata de ver personas donde antes sólo veía enfermos. Es el camino marcado, desde los años 70 por la figura emblemática del psiquiatra italiano Franco Basaglia y el modelo de Trieste como experiencia pionera.

La receta es la misma que para el resto de personas con diversidad funcional: «Hay que poner el foco en las capacidades», subraya Raquel Martínez aludiendo al movimiento Recovery. El Servicio de Asistente Personal de Alfaem Salud Mental León forma parte de este modelo de recuperación basado en la autoayuda, el empoderamiento y el apoyo. Y la novedad que introduce el programa de Alfaem es que da la oportunidad de convertirse en asistentes personales a personas como Gloria Domínguez, con discapacidad por enfermedad mental y con capacidades suficientes para afrontar la tarea de ser la ‘muleta humana’ de otra persona con enfermedad mental que no ha alcanzado aún su grado de autonomía,

Gloria ha recibido formación para ello y ahora salta al mundo laboral como asistente personal. No es su primera experiencia laboral, pero al trasladarse de Málaga a León por asuntos familiares tuvo que dejar el trabajo y hasta ahora sólo había accedido a realizar sustituciones dentro de la red de empleo de Alfaem Salud Mental León. Ha recibido formación en apoyo de pares y fue seleccionada para el empleo.

El servicio de asistente personal es una opción de apoyo a la recuperación que «no tiene nada que ver con la ayuda a domicilio o el voluntariado». La persona a la que se acompaña es la protagonista no una mera receptora del servicio. «Si no sabes cocinar te enseñan; si no te organizas para hacer la compra te muestran cómo hacer una lista; te acompañan a la tienda, el banco...», explican las trabajadoras.

Esta es la manera en la que la persona con discapacidad por enfermedad mental puede empezar a ser el timonel de su vida. El Movimiento de Vida Independiente, que nació en el marco de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, en los años 60, es otra de las fuentes inspiradoras del servicio de asistente personal.

Leticia Martínez Matilla es educadora social y nunca había imaginado trabajar en el ámbito de la salud mental. Después de una formación específica, con casi los mismos contenidos que vio Gloria, estrena su primer empleo como asistente personal en el programa de Alfaem.

«Mi labor se va a centrar en el acompañamiento en tareas y gestión económica», explica. La relación entre profesional y paciente es «abierta, de confianza y honestidad», añade la directora de programas. Ser asistente personal implica convertirse en el «soporte y apoyo del proyecto de vida de las personas con problemas de salud mental», explica Martínez. Autonomía, recuperación personal e integración socio laboral son sus objetivos. Por eso resulta crucial que la persona con enfermedad mental «se la protagonista de su recuperación». En lugar del paternalismo institucional, hay que admitir que «son personas con experiencia propia, deseos y esperanzas y capaces de manejar sus dificultades».

Respetar el deseo de la persona con problemas de salud mental a decidir sobre su vida y vivirla con dignidad es el camino hacia la igualdad de oportunidades «en las mismas condiciones de libertad y control de sus vidas» que el resto de la gente.

Beatriz Fernández Belzuz es una de las asistentes personales veteranas. Educadora social y psicopedagoga, empezó en el servicio de atención domiciliaria de Alfaem. Explica que en la relación con las personas con enfermedad mental «hay que sentarse para saber cuáles eran sus motivaciones, aspiraciones... antes de la enfermedad» y a partir de ahí empezar a elaborar un proyecto de vida basado en las capacidades y los deseos.

La ayuda del asistente personal está encaminada a que en algún momento «podamos retirarnos». Frente a la idea de que una persona con enfermedad mental sólo puede estar recluida y nunca mejorará, se abren paso la de involucrarlas en la responsabilidad de su recuperación es ofrecer «empoderamiento y sobre todo esperanza».

Beatriz y Leticia son asistentes personales de Alfaem. RAMIRO

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