Diario de León

Habitar el cuerpo tras el maltrato

De víctimas a supervivientes. Que las mujeres que han sufrido maltrato puedan volver a habitar su cuerpo, controlar el espacio, enraizarse y recuperar la interacción es el objetivo de la DMT (Danza, Movimiento y Terapia) la propuesta de Miriam Palma Ceballos en el 30 aniversario de la asociación leonesa Simone de Beauvoir.

Miriam Palma Ceballos es danzaterapeuta, escritora y profesora de literatura y lengua alemana en la Universidad de León.

Miriam Palma Ceballos es danzaterapeuta, escritora y profesora de literatura y lengua alemana en la Universidad de León.

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ana gaitero | león

«Para una mujer maltratada su cuerpo no es un lugar habitable, sino un problema», afirma Miriam Palma Ceballos, danzaterapeuta, escritora y profesora de literatura y lengua alemana en la Universidad de Sevilla.

La profesora pone hoy el broche a los actos del 30 aniversario de la Asociación Simone de Beauvoir con la conferencia taller Cuerpos aislados, cuerpos deshabitados (19.00 horas en la Biblioteca Municipal Padre Isla).

La violencia física, defiende, «es un instrumento propiciado por la violencia simbólica» que legitima los roles desiguales de lo femenino y lo masculino en el sistema patriarcal. Palma abordará las secuelas de la violencia de género en los cuerpos de las víctimas, que van más allá de los daños físicos y psicológicos. «Tratada por su agresor como mero objeto, la víctima ha internalizado la violencia y lo manifiesta a través de múltiples síntomas corporales», explica.

La violencia inscrita en el cuerpo-mente de la mujer victimizada se manifiesta a través de síntomas de tipo traumático. Y se refleja en detalles que pueden parecer tan nimios como su forma de ocupar el espacio. «La violencia desvincula a la mujer de sí misma, de los otros y del mundo», añade la danzaterapeuta. «A nivel corporal e individual la violencia le ha enajenado de su propio cuerpo, de su propio self, de su propio poder», puntualiza.

«De alguna manera, la mujer que ha sufrido una violencia muy grande se desintegra y al ser aislada de los vínculos de apoyo se convierten en mujeres profundamente dependientes», comenta. De esta manera, las mujeres confunden el vínculo insano con el maltratador «con el amor y un vínculo sano y nutricio», precisa.

Miriam Palma Ceballos estudió en profundidad el impacto de la violencia de género en las mujeres que la han sufrido y realizó la propuesta de intervención con DMT dentro de su trabajo de fin de máster en la Universidad Autónoma de Barcelona. La pérdida de poder, confianza y autoestima «le imposibilitan situarse en el mundo como un lugar habitable», incide.

Y hay que recuperar la habitabilidad. Del propio cuerpo y del mundo. «DMT se sirve del movimiento y de la danza para favorecer la integración del individuo», apunta. En la intervención con mujeres víctimas de violencia, en la primera fase de la terapia debe crearse el «vínculo entre terapeuta y mujer».

A partir de ahí, puede desarrollar una serie de técnicas para reforzar a la mujer dañada y que repercuta en la reconstrucción de su autoestima, la relación con el espacio y con el peso del cuerpo. «Se trabaja desde el aquí y el ahora», señala.

Entre las técnicas que utiliza DMT para empoderar a las mujeres cita Miriam Palma la del espejo o mirroring, para tomar conciencia de los límites corporales. «Las mujeres maltratadas internalizan la mirada de odio del maltratador y encontrarse con una mirada amorosa puede ayudar a que internalice imágenes renovadoras de sí misma», apostilla la danzaterapeuta. Asimismo, el trabajo con el peso corporal potencia el enraizamiento: «Una vez trabajé con una mujer maltratada y me di cuenta de que apenas tenía contacto con la tierra».

A través del movimiento, de otras técnicas como el grounding, se inicia el camino de recuperación de la víctima. «Es necesario explorar qué le inmoviliza y hallar modos de movilizar las memorias implícitas» que han pertubardo su esfera emocional con actitudes autolimitantes de sumisión, indefensión y resignación que también le impiden tomar una decisión y romper el vínculo tóxico.

Son actitudes que las víctimas utilizan en un primer momento para defenderse de la violencia y que con el tiempo las paralizan. «Una de las más llamativas es la inhibición del enfado y la rabia», apunta la experta.

Para volver a movilizar estas fuerzas, necesarias para actuar, «es necesario que la mujer contacte con su propia agresividad y logre reconducirla para obtener conciencia de su propia fuerza y autonomía», subraya. Se utilizan también técnicas de mindfullness, como la consciencia de la respiración.

«Responsabilizarse de su vida y reorganizarla de un modo satisfactorio» y, en suma, «salir de la posición de víctima», es el objetivo de la terapia con el movimiento, tal y como anota la profesora Palma Ceballos.

En las sesiones se trabaja con las «emociones y memorias asociadas a la elección del espacio que se ocupa y el que ocupan los otros, la distancia personal habitual, la que se desea, la que se permite y aquella en la que una se siente invadida». La toma de conciencia del espacio también es necesaria para volver a habitar el cuerpo. Hoy en León hará una minisesión.

Una sesión de DMT en la que participan hombres y mujeres. DL

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