Diario de León

Ocho muertes en el Nobel a Pastrana

«Cientos de personas mueren asesinadas en Colombia cada año a manos de los paramilitares en nombre de la democracia», sostiene Gustavo Pedraza. Uno de ellos fue su hermano, que en diciembre de 2015 apareció en una cuneta. A su madre, le travistieron el crimen para hacerlo pasar por un accidente y tres años después aún no sabe quién mató a su hijo. Denuncian que la paz en Colombia queda aún muy lejos de ser una realidad

Jesús F. Salvadores

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cristina fanjul | león

Faltaban seis días para Navidad cuando el cuerpo de Carlos apareció en una cuneta de un municipio cercano a Bogotá. «Acababa de salir de una reunión y nunca llegó a casa», recuerda su hermano Gustavo, refugiado político en España junto a su madre, huérfana de hijo desde hace más de dos años. Colombia se ha convertido en un objeto de consumo. Las series de Netflix sobre Pablo Escobar y el cártel de Cali han acercado a todo el mundo una realidad con la que las víctimas discrepan. «Las cosas no fueron así. Son pocos los que saben, por ejemplo, que Uribe ayudó a Escobar a que sus envíos de cocaína llegaran a Panamá», sostiene. Gustavo Pedraza asegura que el ex presidente colombiano le otorgaba al narco licencias para aterrizar cuando era director de la Aeronáutica Civil. Asimismo, recuerdan que en las series de Netflix se crea una figura épica de asesinos y sicarios que poco tiene que ver con lo que ocurrió en la realidad. «Sin contar las muertes, se secaron ríos y se arrasó la tierra para permitir el cultivo y traslado de la cocaína», lamentan.

A Pedro le encontraron tres días después de su asesinato, un crimen que trató de esconderse, según afirman sus familiares, desde el principio. «La policía dijo que había tenido un accidente de motocicleta, pero él no sabía conducir. Luego, que le habían dado un golpe en la cabeza»... La madre de Pedro mantiene la mirada baja en todo momento, tratando de recordar cuáles fueron las palabras exactas que les trasladaron quienes deberían haberles protegido. «Verá —dice— ese informe no coincidía con el de la necropsia», dice con rabia. Y es que el informe forense evidenciaba que a Pedro le habían ejecutado con un arma a menos de un metro de distancia. Tres años después, nadie sabe quién es el asesino de este activista por los derechos humanos. Su crimen se suma a una triste lista que cada año crece en Colombia. En dos años, el número de muertes a manos de sicarios se ha multiplicado por dos. En 2015 fueron 105 y en lo que va de año ya van 186. «La mayoría de ellos son campesinos, personas que luchan por mantener sus tierras, de no tener que trasladarse a los cinturones de miseria de las ciudades», destaca. Además, asegura que entre los afectados hay periodistas, indígenas... «No hay nadie que moleste que esté libre», destacan madre e hijo, que muestran su seguridad en el hecho de que el gobierno está detrás. «Hay un proceso de impunidad en marcha», sostienen.

Explican su punto de vista respecto a la solución del conflicto con la guerrilla en el hecho de que el gobierno ha incumplido su parte del trato. «Están asesinando a los guerrilleros. A ellos y a sus familias», aseguran. Gustavo Pedraza explica que en el acuerdo de paz se pactó que la resocialización de los guerrilleros debía ir precedida por el traslado de estos a unas zonas de tránsito en las que vivirían hasta su paso a la vida civil. «El Estado está utilizando las antiguas zonas de insurgencia para su cesión a las multinacionales . Los paramilitares se han hecho dueños de la situación y la fiscalía general no investiga», denuncia. Pedraza Salcedo se muestra aún más crítico con Pastrana y defiende que en día que le concedieron el Nobel se produjeron ocho asesinatos de campesinos por parte de la policía. «Los efectivos de la ONU que entraron para investigar lo que había pasado fueron recibidos a balazos», lamenta, al tiempo que da una advertencia a la comunidad internacional: «Están asesinando en nombre de la democracia».

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