Diario de León

SOCIEDAD

De joya perlística a foco turístico

‘La Peregrina’, hallada en el archipiélago panameño de las Perlas, robada por José Bonaparte, fue a parar a la garganta de Liz Taylor Mansiones y excursiones inundan la isla

Dos martinetes cola colorada en islas del Pacifico en el archipiélago de las Perlas (Panamá). ALFREDO AYCARD

Dos martinetes cola colorada en islas del Pacifico en el archipiélago de las Perlas (Panamá). ALFREDO AYCARD

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Efe | isla contadora

La singular historia de La Peregrina, la gema descubierta en el siglo XVI en el archipiélago de las Perlas que hoy constituye una de las joyas turísticas de Panamá, es tan singular como el recorrido por unas islas paradisiacas.

En el centro vital de este archipiélago, Contadora, se fraguó a finales del pasado siglo el proceso de pacificación de Centroamérica, azotada en aquellos años por las guerras civiles.

La Peregrina, llamada así por su forma de gota de agua, aunque mereciera después el apelativo por su periplo, fue robada del tesoro de la Corona por José Bonaparte, el Pepe Botella hermano de Napoleón, que vio truncado su reinado en España por la Guerra de la Independencia, iniciando así un viaje que la condujo hasta la garganta de Liz Taylor, engarzada en un collar de diamantes.

La riqueza perlífera del archipiélago, agotada superada ya la primera mitad del siglo XX, ha dado paso a otra forma de fortuna, la generada por la cada vez mayor proyección turística de un archipiélago situado a solo hora y media de ferri de la ciudad de Panamá.

El escenario de los acuerdos de Contadora, el hotel que llevaba el nombre de la isla, está ahora en ruinas, como el barco que alojaba a sus huéspedes, encallado en ‘playa larga’.

Pero ha sido sustituido por algo más de una veintena de pequeños establecimientos hoteleros como ‘Perla Real Inn’ —donde María José ofrece una hospitalidad hogareña— ‘Mar y Oro’, ‘Casa del Sol’ y ‘The Point’, entre otros.

La isla donde se contaban las perlas cosechadas en tiempos de la Corona española cuenta con la única playa nudista de Panamá, la de «las zuecas», siempre solitaria, un espectáculo visual tropical en los comienzos del verano (diciembre), cuando florecen los árboles que enmarcan sus arenas blancas trufadas de piedras de color azul celeste.

Contadora es el epicentro de la actividad turística, aunque la capital del archipiélago se encuentra en Isla del Rey, a escasas millas, más poblada, pero también más peligrosa.

Los lancheros han dejado de lado la pesca, pese a la riqueza de sus aguas, para centrarse en excursiones y en el avistamiento y persecución de las ballenas jorobadas que, entre julio y septiembre, aprovechan la calidez de sus aguas y su riqueza en plancton para aparear a sus crías.

Escenario de varias temporadas de las diferentes versiones de Supervivientes, boscosas y próximas a barreras de corales —que se pueden apreciar a plena luz del sol en mareas especialmente bajas—, itinerario de rutas de narcotráfico, pese a la vigilancia de la estación de la policía Aeronaval, las islas ofrecen desde playas paradisíacas a solitarios bancos de arena, entre las que Boya arena, un islote arenoso, es la más característica.

Las familias más poderosas de Panamá —políticos y empresarios— utilizaron las islas, y especialmente Contadora, para construir lujosas mansiones, que ahora conviven con cierta irritación con los turistas y visitantes que incluso pueden desplazarse en los llamados ‘pasadías’ (estancias de una jornada, que han permitido popularizar lo que hasta hace pocos años era un paraje exclusivo).

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