RETRATOS CALLEJEROS
La cara de los últimos 48 años de cocina leonesa

A Amancio Giganto García, padre de Daniel, Josué y Mara, nunca le gustó tener un negocio propio pero «las circunstancias de la vida» lo empujaron a iniciar un camino que cierra tras 48 años de trabajo en los fogones para colocar en lo más alto la gastronomía leonesa. Emprendió el camino con 15 años tras estudiar interno en el seminario Eudista Hispanoamericano, un centro que estuvo abierto en León durante algunos años pero que no llegó a consolidar su modelo de enseñanza. «Entré como pinche de cocina en el Hotel Conde Luna», recuerda. Y ese fue su bautizo de fuego que lo enganchó de por vida a una profesión en la que los fogones, «apenas me han dejado tiempo para otra cosa». José Gutiérrez Tascón, Mariano Beaumier y Benito Gómez estaban al mando de la cocina del Hotel del Conde Luna, «unos grandes profesionales de la gastronomía leonesa», recuerda. «Cuando estás con gente de tanto talento siempre se te pega algo».
En los 80 aterrizó en Patricio, restaurante en el que trabajó durante seis años y abandonó para «montar» el Faisán Dorado junto a Carlos Jaular y Mercedes Pinto. «Ahí empezamos a desarrollar la cocina de mercado, con productos de temporada». Las guías gastronómicas se fijaron en ellos y escribieron sus nombres en sus recomendaciones más destacadas. El proyecto de los tres restauradores duró tres años, pero el Faisán Dorado continuó con el que fuera su maestro y jefe de cocina del Hotel Conde Luna, Benito Gómez. En el año 1992 abrió, junto a su hermano, el restaurante Amancio, que tras 25 años «de cocina de mercado con guiños de modernidad» cerró por jubilación el 1 de abril.
Su amistad con Cidón
Los fogones y su amistad con Carlos Domínguez Cidón, reconocido con una estrella Michelín y dos soles Repsol por su innovación en el mundo de la cocina, le ayudaron a promocionar la gastronomía leonesa por toda España. «Él era el embajador de la gastronomía de Castilla y León. Un hombre generoso y desprendido».
Pero la vida sigue y la cocina leonesa evoluciona. «Lo que más pinta ahora son los menús cerrados. Si volviera a empezar me centraría en cuatro o cinco platos para conseguir mejores resultados».
Ahora cocina en casa lo que su mujer le deja. A sus 63 años quiere recuperar la vida familiar, pasear y disfrutar del tiempo que le robaron los fogones. «El cliente ha sido nuestro tesoro. Hemos hecho una gran familia. Había fraternidad».