EL BAILE DEL AHORCADO
Cloacas
La pregunta que hay que hacerse es si hay algún hombre bueno en el PP. ¿Alguno de ellos tiene la más mínima idea de lo que es la dignidad? Si han sido capaces de acabar de esta manera con una de los suyos ¿qué no podrían contra cualquiera de nosotros? Da miedo el futuro. ¿Hacia dónde podemos mirar cuando todo indica que el foco de atención del que parten las escasas luminarias que tenemos llegan de las alcantarillas?
La desolación en la que debería estar sumida la sociedad española viene de la demostración de que no queda honor, ni decencia, de que la política se ha convertido, no ya en un duelo a garrotazos —Goya nos lo explica todo— sino en un navajeo de macarras, peor, en una vendetta de cloaca para la que no importa sacar lo más burdo de la vida íntima de una persona, utilizando los servicios secretos para hacer aflorar secretos vergonzantes, para humillar por un simple cálculo electoral de partido, o sea, por un objetivo particular, aunque luego nos venderán que todo es por el bien común, cuando queda claro que en este país todo se hace a provecho propio, que nada se mueve si no es porque al poder le interesa —quién quiera que eso sea— que pase así, y así se ha venido haciendo durante centurias, que este país se ha construido a lomos del ventajista, del chamarilero de la pela, del que cree que esto es un cortijo y nosotros, ganado que pueden utilizar hasta hacernos reventar.
No les ha importado evidenciar que el juego nunca ha sido limpio, porque al final, borrachos de soberbia, han encendido la luz en la cueva y lo que creíamos sombras se ha convertido en la foto fija de la sucia realidad que nos envuelve. Da igual el trato de favor, da igual la falsificación de documento público, la ‘construcción’ de un expediente, el uso partidista de la universidad pública, todo eso da igual porque se trataba de cerrar filas cuando convenía. ¿Y cuándo no? Cuando no, recurrimos a un matón para que nos haga el trabajo sucio. No se trata de partidos, se trata de la arquitectura de un país que necesita un cambio de sentido. Y no puede esperar.