EL BAILE DEL AHORCADO
Huérfanos nuevos cada seis días
Los niños no votan. No tienen la suerte de los pensionistas y, además, todos ellos tienen madres que viven poco. Las matan o, mejor, son asesinadas, una forma que expresa de manera más precisa la realidad. La realidad es que tenemos un Estado que no protege más que a aquellos con los que hace cálculo electoral. El cálculo electoral es cada vez más preciso. Lo demuestra el robo de datos de Cambridge Analytica, que evidencia que la propaganda es capaz de meterse en la cabeza de cada uno de nosotros para ‘arreglar’ las averías ideológicas o bien, jugar con ellas y lograr que nuestra apuesta se ajuste a sus deseos. No sé cuáles serán sus deseos, ni tampoco quién está detrás de ese pronombre posesivo y me temo que eso es parte del juego en la democracia neoliberal: adormecer ‘nuestra’ —tampoco estoy segura de que no deba utilizar ‘suya’— capacidad de análisis mediante el ocio y el consumo, a través de una realidad vicaria en la que casi nada es lo que representa. La sociedad espectáculo ha sido devorada por Netflix y la revolución que hace medio siglo tomó la Universidad y las fábricas se asienta ahora sobre cajas de palomitas y gafas 3D. La vanguardia se rindió y ya no hay deriva posible. La masa lo ha hecho imposible. De eso vive ese sujeto indeterminado que pone a las mujeres en forma pasiva.
España amanece cada seis días con un huérfano nuevo y no a causa de la enfermedad o el tráfico sino de la falta de medios para evitar que maten a sus madres. Pero los niños no votan, se encierran en el miedo y la tristeza y, la mayoría de las veces, en una vida de pobreza que les lleva a ser adultos antes de tiempo. No hay deriva posible, sólo la mueca de un espectáculo existencial. Hace una semana una oenegé denunciaba que la mayoría de los huérfanos por violencia machista no cobra ninguna pensión. La orfandad máxima se cotiza a 200 euros. Este es el circo en el que vivimos, «un viaje en el invierno y en la noche mientras buscamos nuestro camino». No hay deriva posible.