CORNADA DE LOBO
Vusotras
Yo, que no tengo tetas como vusotraaas, me se cae el pandero hasta las pelotaaas...
Cantaba esta copla la abuela Teresa de Villaquilambre, pero la borda en sobremesas festivas tamborileando una bandeja Julio, «el flautista de Hamelin-Villarrodrigo de las Regueras» al que odian, supongo, los «mardito roedore» que persigue a muerte su empresa desratizadora (habré de preguntar a mi musa animalista si tiene su partido algo que decir de las masacres ratoniles: ¿habría que indultar a las ratas?... ¿quizá anestesiarlas antes?).
Al cantarlo remacha ese «vusotras» con que el pueblo de aquí entonaba ese plural igualándolo al «vusotros», lo mismo que ahora Irene Montero iguala el «nosotras» al «nosotros» que se usa englobando a todos (a unos y unas)... y cada vez que dice «nosotras» (aquí «nusotras») todos los varones por los que hable deben darse por aludidos e integrados en ese femenino plural que ella ha puesto a hacer lo mismo que ese denostado nosotros que la integra a ella, es decir, deja la cosa en un «quítate tú, que me pongo yo; se acabó el burro delante, ahora toca a la burra»... ¿y no es eso reinstaurar la misma injusticia sexista que dice denunciar y pretende abolir?... ¡cuánta tontería adolescente!, rezongó Peláez, ¿está invitando la señora miembra a los oradores del hemicirco a que, cuando les interpelen los grupos parlamentarios, no se dirijan a ellos con el «vosotros», sino «vosotras»?... al menos para unas risas valdrá... así sea... y allá vusotras.
El tuíter, que siempre se venga cruelmente en el acto (y después del acto), la llama «portavoza Montera»... y a la choza que se ha comprado para incendiar la escandalera nacional la llama chozo y así le aligera el pecado, un detalle de piedad de la red ruin. En fin, Irene Montero debería sugerir al actor Willy Toledo que, en vez del «cagüendiós» por el que le han procesado, diga a partir de ahora «cagüendiosa» en la total seguridad de que no le acarreará el tormento judicial que hoy padece, además de hacerle un gran favor al femininismo guay que, cada vez que entra en el diccionario, le pide el cuerpo vengar la o con la a... y castrar.