Diario de León

La capacidad de compartir sin prejuicios

Los usuarios de Cosamai enseñan a niños y asociaciones su trabajo en Astorga.

Un grupo de alumnos se prepara para el taller en el pabellón de Rectivía. A. VALENCIA

Un grupo de alumnos se prepara para el taller en el pabellón de Rectivía. A. VALENCIA

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a.g. valencia | astorga

Mucho que aportar. Desde su pequeña parcela en Astorga, Cosamai está dando una enorme lección de integración y capacidades. El pabellón de Rectivía se convirtió ayer en un recinto libre de complejos y prejuicios. Un lugar donde lo importante era aprender, enseñar y compartir. Los usuarios del centro ocupacional desplegaron todo su buen hacer para que los estudiantes, las asociaciones y los centros de día conocieran su labor, poniéndose al frente de los talleres y, como auténticos maestros, guiando el trabajo de estampación, jardinería, jabones o costura.

«La actividad, enmarcada en el 50 aniversario del centro, pretende sacar Cosamai a la ciudad, para dar a conocer lo que se hace en él y las posibilidades y capacidades de los usuarios», explicó el coordinador de talleres, Gabriel Díez, quien subrayó que uno de los objetivos de esta iniciativa es que los niños y niñas que están en la etapa de desarrollo y aprendizaje «no vean a los usuarios de Cosamai — personas con una discapacidad intelectual y física leve o moderada— como alguien diferente, sino como personas capaces que saben hacer otras cosas y que también les pueden enseñar», aseguró. Propósitos que se cumplieron y que aportaron una lección vital y necesaria que no se recoge en los libros.

En las puertas del pabellón un nutrido grupos de chavales uniformado esperaba su turno, mientras otros alumnos se iban con la lección aprendida y, además, con el trabajo de recuerdo. Los ‘maestros’ de taller por un día también aguardaban en sus mesas, a la espera de ir acercándose para recoger a su grupo y ponerse manos a la obra. Unos a costura, otros a estampación, algunos para globos, otros para el taller de memoria, de arcilla, de letras de cerámica, relajación, jardinería, de marcapáginas, gorras con vinilo, de papel de aguas y tubos, atrapa sueños, mándalas y cajas de madera.

Se trató de un formato reinventado, en el que los residentes —y no los profesionales del centro— fueron los encargados de dirigir la actividad, unos talleres en los que participaron los alumnos de los colegios de Santa Marta, Blanco de Cela, Colegio Cosamai, La Salle, Paula Montal, González Álvarez y de los Centros de día: Alzhéimer, Parkinson y Alfaem. El objetivo fue buscar la interacción de los usuarios con los participantes de la actividad, acercando a unos y otros, enseñando las capacidades y dando visibilidad en planos de absoluta igualdad y por el camino de la normalización.

Cosamai es un centro dependiente de la Diputación, pero que echó a andar en 1968 de la mano de los hermanos holandeses. Han pasado cincuenta años y lo que comenzó como un colegio para niños con discapacidad es hoy un centro ocupacional para personas adultas. Cambios que han ido llegando con las necesidades o el aumento de la esperanza de vida. En Cosamai la integración es hoy la mejor recompensa y el trabajo se presenta como una herramienta para el fomento integral de la autonomía personal, la independencia de los usuarios y aportar autoestima a quien lo realiza.

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