CORNADA DE LOBO
Coces de burra
Querer o no querer. La frontera entre un feliz mantecao y una violación desdichada está en ese verbo, querer. El lema «no es no» está muy claro y no admite discusión, pero el «sí»... Carmen Calvo desconcierta a los juristas proponiendo que «si una mujer no dice sí expresamente, es no», deduciendo que si no hay un sí explícito, ese sexo se considerará abuso, agresión, violación... y entonces, el jurisconsulto se pregunta cómo podrá demostrarse si hubo un sí o no lo hubo si no suele haber testigos en esos íntimos negocios, salvo que sea pocilga de manada que, por lo que se ve, ya han conseguido convertirla en moda (tú di tendencia).
La ministra sugeridora puso la tinta a correr porque en la tensión sexual un sí también puede ser confuso: ahí está el equívoco «sí, pero no», el sí dubitativo, el sí forzado, el sí ambiguo, el sí cándido, el sí condicionado, el sí engañado, el sí mudo (¿no es ley de sí «el que calla otorga» o el «silencio administrativo»?), el sí de broma... muchos síes, tantos como caben en la compleja psicología humana y en el gran teatro de los sentimientos y pasiones.
Incluso el «no» esconde también matiz o duda. ¿No decimos muchas veces no para ocultar un sí? Disimular la intención es una orden de supervivencia en todo ser. Es ese «no» tan visto en la conducta sexual de las especies que establece que la hembra rehúse de entrada la vehemencia del macho al que puede hacer correr tras ella días enteros antes de darle el placet... o cambiarlo por otro más chulo y más machorro, que es lo normativo, o sea, al que envidian ellos... y eligen ellas.
«Descartado que la ministra Calvo entienda el carácter de juego malicioso que tiene el sexo», dice Arcadi.
Hay un viejo refrán que todos entienden y que siempre animó al desdeñado a no cesar en sus tercos requiebros amorosos: «Coces de burra amor son para el pollino». ¿Hay un «no» más explícito y rontundo que una coz? y, sin embargo, ese «no» tan ritual y falseado tiene su función biológica estimulando al pelma y acabando por lo general en un «sí, corazón, arímate pacá».
Violentar, jamás. Seducir, siempre.