CORNADA DE LOBO
Platos arrugaos
Marchando una de vajilla rompedora. Estamos en un restaurante de «nouvelle cuisine», esa cocina nueva que es la madre de este cordero al que nadie se atreve a llamar en francés por no delatar que es ahí donde se copió y se sigue copiando lo que nos traducen como «cocina de autor» quedándose más anchos que Castilla... y León con jamosta.
En este restaurante confirmamos una vez más la plagiada manía, ya dictadora, de que ahora los platos no tengan que ir en platos, es decir, no te ponen la comida en su viejo y universal recipiente redondo de loza esmaltada o porcelana de dos únicas alturas (el plato hondo y el pando), sino que cada vianda viene cabalgando o emboscada en las más sorprendentes monturas, esas que buscan impacto teatral, cabiéndoles ahí de lo extravagante a lo ridículo... un ejemplo: esa pizarra tan manida hoy en mesas de mantel ¿no te te da la sensación de estar comiendo en un tejado o en una losa del suelo?... ¿y esa rebanada de tronco de árbol donde uno sospecha que residen aún las babas mal lavadas del anterior comensal?... ¿y si te sirven un consomé o una crema en un reutilizado tarro de mayonesa o de potito?... qué bonito, qué hipster, qué ecológico y chiripitifláutico... normal que te traigan la cuenta en una lata de atún o en un cepo de madera (de patíbulo).
Hoy los platos son cerámicas de diseño pirulero y formas fantásticas donde el lujo hace boda pija con lo hortera... y procrean... hasta las cuberterías ensayan sus delirios... pero especialmente ridículos parecen esos platos arrugaos llenos de pliegues y relieves que impiden apurarlos o rebañarlos como Dios manda y el pan lo exige (no hay mejor felicitación al cocinero que le vuelva relamido un plato).
Todo esto pasa porque la gastronomía firulí sigue empeñada en ser teatro para cobrar el triple a quien quiere ostentar status o capricho, ese tipo que quizá ya sólo vea el sexo como cosa de jóvenes o de pobres, pues con los años (y con dinero), fatigada su lujuria, descubre la gula para buscarse ahí alguna excitación, esa que se le va al carajo ante unos platos arrugaos.