NONIA ALEJANDRE AGUADO-JOLIS Receptora de médula ósea
«Yo les digo a mis donantes: gracias a ti yo vivo»

Nonia Alejandre es vicepresidenta de Alcles. DL
c. tapia | león
Los médicos intentaron primero un trasplante autólogo, es decir, de sus propias células madre, pero no resultó. Nonima Alejandre Aguado-Jolís no se rinde ante el linfoma no Hodgkin nivel 4 que le detectaron en 2004, al que planta cara en una batalla que libra con optimismo y ganas de vivir. «Ingresé en el Hospital de León con una situación complicada. Me salvaron la vida y me enviaron a Salamanca porque en el año 2005 el trasplante autólogo no se hacía todavía en León. A los tres años tuve una recaída, Me pusieron un nuevo tratamiento que funcionó. En una revisión en el año 2010 me detectaron que las células fallaban como consecuencia de la quimioterapia que recibí, lo que me provocó una leucemia lielodisplática. La única solución era encontrar un donante de médula». Unas células que llegaron tras la búsqueda en el registro internacional de donantes, aunque no era compatible 100%. «Me hiceron un segundo trasplante en el año 2010 y tuve rechazo. Me lo trataron con medicación. Fue muy duro. Me afectó a los ojos, el sistema digestivo, la piel...durante el tratamiento no podía comer ni beber, que era lo peor».
Los efectos secundarios de la medicación le han destrozado los huesos. «Llevo ya dos prótesis de cadera», asegura. Pero a sus 56 años se ha adaptado a «los inconvenientes» de una enfermedad con la que ha aprendido a convivir. «Te queda como un cansancio constante, como si te pasara un camión por encima. He tenido que cambiar mi alimentación pero me he adaptado. Ya me canso menos y me cuido».
En el Día Mundial del Donante de Médula, Nonia agradece a esas personas anónimas que donan vida en vida. «Gracias a ti vivo yo», les dice a los donantes. «El trasplante de médula es el más humilde que hay, es como una transfusión de sangre, una técnica mínimamente invasiva».
Inscribirse en el registro como donante de médula requiere reflexión pues se adquiere un compromiso y, además, el donante debe tener presente que su médula puede ir a cualquier paciente en cualquier lugar del mundo que la pueda necesitar. El 67 por ciento de los donantes registrados son mujeres y el 33 por ciento varones.