Una pareja llamada perfecta
El maridaje de Cecina de León y Vino de Rioja cautiva a los asistentes a un evento en el centro de Madrid que enalteció la esencia de dos puntales de la gastronomía española .

El maridaje de la cecina de León y vino riojano triunfó en Madrid. RAQUEL P. VIECO
pacho rodríguez | madrid
Hay que pedir permiso a unos cuantos, pero esta pareja es perfecta: cecina de León y vino de Rioja. Una cata en Madrid organizada por Rafael Álvarez, a todo esto el astorgano ex presidente de la Casa de León en la capital. «Es una cata especial que hace confluir a dos regiones con mucho que decir en el mundo del vino y la mesa, la gastronomía, la tierra», ya lo advirtió José Antonio Rupérez, presidente del Centro Riojano en Madrid. Así irrumpieron una IGP y una DO que juntas son una propuesta invencible de la que uno sale mejor que entró, más sabio y mejor persona después de la clase. Incluso se mira al espejo y se ve mejor después de haber sido armonizado. Eso ocurrió, le ocurría a algunos y algunas, ayer en la cata y maridaje en donde la Cecina de León, con su Indicación de Garantía de Procedencia como bandera que une, y su Consejo Regulador, mostró en el lujoso Madrid de la calle Serrano todo su poderío. El Centro Riojano acogió un acontecimiento que bien pensado se reedita todos los días en las barras y mesas de bares de León y de España. Pero nunca está de más escenificar la celebración, porque el producto leonés fascina y así ocurrió ayer en la milla de oro de la capital. El resto lo echó el vino riojano, que funcionó a la perfección aunque cada uno contó su historia. Por parte leonesa, Raquel Factor, directora técnica de la IGP, dejó claras las líneas maestras para seguir a la buena cecina y desveló lo que a veces el experto no llega a ver. Ella, como lo es, sí se atrevió a contar lo que sería la cecina idílica. Tomen nota y síganla: «En su punto de sal; con veta infiltrada y longitudinal; curación alta; color rojo cereza intenso, brillante, aroma limpio de producto ahumado ya curado», parecía que recitaba. El acto tuvo lugar en el salón Gonzalo de Berceo del citado centro riojano. Y contó con la presencia de José Antonio Rupérez Caño, presidente del Centro Riojano de Madrid, en representación de tierras logroñesas, y ya por parte leonesa de José Luis Nieto, presidente de IGP-Cecina de León. Cuatro vinos riojanos y tres cecinas fueron los argumentos tanto para experimentar como para convencer y deslumbrar a los asistentes, que pagaron 5 euros los socios y 10 euros los nos socios para disfrutar del prodigio de lo que también es cotidiano. El acto también es fiel a la filosofía de la IGP Cecina de León, en cuanto al fomento y participación en catas en las que la cecina cobra todo su protagonismo o en las que participa ofreciendo su combinación con productos de prestigio y calidad. Asimismo, para abrir vías de exportación que permitan aumentar el negocio a las empresas asociadas. Pasó una cosa. Que la cecina en el plato de cada participante despareció por arte de magia antes de la cata. Antes de las explicaciones. Como los platos de los niños cuando contienen algo rico. Esto es, cecina. Amparada o no amparada. Aunque cuando llegó la cecina estrella, la reserva y normal amparada por el consejo regulador (9 de 60 industrias en León) el asombro fue parecido a lo irresistible. Poco a poco, la concurrencia, dispuesta a comerse cualquier cecina, descubrió que es mejor no ser víctima de fraude cuando lo que se vende por cecina de León no lo es. Incluso, alguno descubrió que en las diferentes partes (cadera, babilla, tapa o contra) hay cecinas deliciosas en las que en cada una se puede disfrutar de cosas diferentes.