Diario de León
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León

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Natividad Díez Álvarez tuvo que dejar a mucha gente tras la barrera mientras pasaban los trenes o esperaban a que pasaran. Algunos se malhumoraban y hacían ademán de ir a levantarla para pasar porque se les hacía larga la espera. «¡Ese es mi trabajo!», le increpó. «Otra vino uno que me quería pegar». No respetaban a las mujeres. Pero ella no cedía. «El paso era yo y haciendo yo el paso no dejaba a nadie porque si pasa algo me la cargaba yo», explica. Ni siquiera a sus hijas, a las que sacaba de casa con ella cada vez que iba a bajar la barrera y las mandaba espera en el arcén sin que se moviera. Franco tampoco se libró de la espera: «Le dejé detrás de la barrera», comenta. Pocos más kilómetros más arriba, en Sorriba del Esla, le pararía su hermana Felicidad también guardesa.

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