El asesinato de la monja conmocionó a la Diócesis de León

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Esther Paniagua fue alcanzada e la cabeza por un disparo, realizado por un grupo de integristas cuando caminaba por el barrio de Bad El Ued, lugar en el que vivía desde hacía 20 años en el hospital Mailor en compañía de otras ocho hermanas de su congregación, las Agustinas Misioneras. La noticia del asesinato conmocionó a la Diócesis de León. «Que Dios nos siga protegiendo. Estamos todos muy preocupados», escribía poco antes de morir a una amiga de su pueblo natal, Izagre.
El obispo de León, Antonio Vilaplana, concelebró el entierro en la Catedral junto a otros cien sacerdotes y un representante del Arzobispado de Argel.
El asesinato de las dos monjas fue un mazazo para la comunidad española en Argel. El conflicto provocó un éxodo masivo de españoles. Aún así, los pocos que quedaba se resistían a abandonar el país pese a los ruegos de la embajada española que aconsejaba no salir a la calle, ni siquiera en grupos, no entrar en bares argelinos ni acudir a las playas. Así lo cuenta en la crónica publicada en las páginas del Diario de León dos días después del asesinato. «El colectivo español que más riesgo corre es el que componen las monjas. Las pocas monjas que resisten ya no salen de las residencias en las que viven».