Investigación puntera en el CRE
Mensajes por ondas cerebrales
18 personas con gran discapacidad física y en algún caso también cognitiva han probado un sistema innovador para poder usar un móvil..

Investigadores del proyecto Brain Computer Interface. GIB UVA
La brecha en la accesibilidad a los teléfonos inteligentes es cada vez más estrecha. Un proyecto de investigación pionero en el mundo que se ha probado con 18 personas del CRE de San Andrés del Rabanedo servirá para coser esa distancia que separa a las personas con grave discapacidad física del resto de la población en el acceso a la sociabilidad ya no sólo por internet.
Un total de nueve aplicaciones se han hecho accesibles a estas personas con grave discapacidad motora gracias a la investigación que lleva a cabo el grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid en colaboración con el CRE de San Andrés.
En particular, debido a la importancia de las aplicaciones de socialización en el mundo actual, el sistema incluye el control de las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea: Twitter y Telegram, respectivamente.
Un casco sembrado de cables con terminaciones de ocho electrodos es capaz de captar y transmitir las ondas cerebrales para que personas con grave discapacidad física y cognitiva puedan dar órdenes a un teléfono móvil y sumergirse cuando quieran en el mundo de las redes sociales.
Es el sistema de Brain Computer Interface, ideado por el Grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid, para permitir a estas personas sin movilidad el acceso al mundo del smartphone.
Los investigadores han desarrollado una aplicación que permite el control de las principales funcionalidades de un móvil mediante la monitorización de la señal de electroencefalograma (EEG) de personas con grave discapacidad motora.
El proyecto fue presentado ayer en el Centro de Referencia Estatal de Personas con Grave Discapacidad Física de San Andrés del Rabanedo por el equipo que dirige Roberto Horner. Los electrodos captan las ondas eléctricas del cerebro y las envían al ordenador. Mediante estas ondas es capaz de saber en cada momento la opción que va a elegir la persona.
La interfaz permite la ejecución de nueve aplicaciones que van desde llamar por teléfono a emitir mensajes, usar la cámara o las redes sociales como Twitter, Telegram, etcétera.
Un total de 18 usuarios del CRE han probado este dispositivo que, según Roberto Hornero, ha alcanzado una precisión del 80%. El director de la investigación señaló que las personas han valorado positivamente tanto la participación en el proyecto como la interfaz. «Nos han hecho la sugerencia de que consigamos una velocidad de selección más rápida», añadió.
Aunque el sistema de Brain Computer Interfaz ya se utiliza en otros contextos, sobre todo en el envejecimiento, esta aplicación diseñada de manera específica para personas con grave discapacidad motora y cognitiva «es la aplicación más completa para teléfono móvil y probada con usuarios reales», precisó.
La electroencefalografía fue usada por primera vez en 1929 por el doctor Hans Berger y desde entonces ha sido utilizada principalmente por científicos del ámbito de la medicina para investigar el funcionamiento del cerebro.
Poco a poco se fraguó la posibilidad de usar el electroencefalograma (EEG) «para descifrar intenciones, de forma que una persona pudiera controlar determinados dispositivos a partir de su actividad cerebral».
El resultado es el Brain-Computer Interface (BCI), «o interfaz cerebro-ordenador, como un sistema de comunicación que monitoriza la actividad cerebral y traduce determinadas características, correspondientes a las intenciones del usuario, en comandos de control de un dispositivo», teorizaba Roberto Hornero en un artículo científico.
El procesado de la señal en sistemas BCI se divide en cuatro etapas. En primer lugar, se realiza un pre-procesado en la que se filtran las señales enviadas desde el cerebro y se eliminan algunos de los posibles artefactos que se encuentran superpuestos a la señal de interés (parpadeo, movimiento de los ojos, electrocardiograma, movimientos musculares, etc.).
Una segunda etapa consiste en la extracción de determinadas características específicas de la señal. A continuación, se aplican métodos de selección de características que escogen las más significativas dentro del conjunto extraído, que codifican la intención del usuario.
Finalmente, los algoritmos de clasificación traducen el conjunto de características seleccionado en un comando concreto, relacionado con la intención del usuario.
Las aplicaciones orientadas a facilitar la comunicación, como la presentada ayer en el CRE de San Andrés, presentan al usuario las letras del abecedario en forma de matriz o de teclado de ordenador. La persona forma palabras y frases mediante la selección de las letras que las conforman.
Ahora ya es una realidad. El catedrático de la UVA agradeció la colaboración del CRE tanto en el aspecto económico como en la participación de personas que han probado la aplicación para ponerla en marcha. «Esperamos ampliarlo a más personas y desarrollar el sistema para mejorarlo», precisó.
Los sistemas Brain Computer Interface se presentan como muy útiles «para las personas dependientes de avanzada edad o con grave discapacidad, ya que suponen un nuevo canal de comunicación, señalan los investigadores», explica Hornero.
Con anterioridad, este mismo grupo investigador había realizado con éxito pruebas para que personas con grave discapacidad motora pudieran navegar por Internet a través de ordenador.
Hornero ha destacado que los resultados presentados en el CRE del Imserso son de momento a nivel de investigación y que lo ideal sería poder comercializar este sistema. En este sentido, se mostró partidario de contactar con empresas del ámbito tecnológico o incluso con firmas comerciales que ya desarrollan distintos dispositivos para personas con grave discapacidad.
La presentación se ha enmarcado en una jornada que inauguró la directora gerente del CRE, María Teresa Gutiérrez Fuentes, quien ha valorado la «decidida apuesta» por la investigación que lleva a cabo el centro que dirige para mejorar la calidad de vida de las personas con distintas capacidades.
El grupo de investigación de Ingeniería Biomédica de la UVA colabora con el CRE desde su apertura en San Andrés del Rabanedo hace más de diez años con la participación de sus usuarios.