Diario de León

El baile del ahorcado

¿Qué España tiene que pedir perdón?

Cristina Fanjul
León

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Qué España tiene que pedir perdón a Antonio Machado? Perdro Sánchez consumó ayer un homenaje en Colliure que se convirtió en la representación perfecta de que en España seguimos enterrados en trincheras. No creo que al poeta le hubiera gustado la apropiación, un acto triste, emponzoñado por la ideología, intoxicado por el sectarismo. No. No es eso. No es eso porque la España que obligó a Machado a revivir los días azules de su infancia con el sol de un pequeño papel arrugado es la misma que el domingo se concentró en el cementerio francés.

Apropiarse de Machado es guerracivilista porque Machado es de todos. No es nuestro, ni tuyo, ni suyo ni de aquel otro que, ofendido, se acordó —ahora sí— del abuelo represaliado cuando hasta hace poco hacía méritos y llamaba «carcas» a los que querían tener un lugar en el que visitar a sus muertos. No, no es esto. No puede ser esto porque fue la ideología, la sucia y apestosa ideología, la ideología criminal la que hizo que miles de españoles acabaran en el exilio. Así que, presidente, su perdón a Machado y a los miles de españoles que sufrieron el desgarro de tener que dejar su vida y a su familia atrás para no morir habría sido veraz si hubiera vencido su desmedida vanidad y hubiera invitado a todos a sumarse al homenaje. Pero España, también la que usted deja, sigue siendo un duelo a garrotazos, un perro asustado entre la arena, la cólera colosal que no se arredra ante la muerte y la desesperación.

Fue un acto triste, tan triste como los últimos días del poeta, como los homenajes que se hacen en España, cortos y a destiempo, como el dolor que sacudió los hogares de todos sin hacer excepción, sin tener en cuenta si en el dinteles había sangre roja o azul, como el de la la propia casa de Machado, como el de todos los españoles.

Puede ser, presidente, que sean ustedes, los políticos, los que tengan que pedir perdón, además de paz y piedad, porque Machado sigue, ochenta años después, pidiendo un céntimo para un entierro.

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