Diario de León
Publicado por
GARCÍA TRAPIELLO
León

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Vino la primavera tan aloriada -si marzo mayeó, mayo marceará-, que la primera cera cofrade en arder es la del cirio que ya le ponen los papones a la Virgen de los Esparabanes, reina y madre del pueblo leonés y de la Meteorología, al hacérseles caldo la tripa temiendo que la lluvia y los elementos no respeten el lucimiento de la hueca fe ostentosa y tengan que volver otra vez a llorar sobre mojado.

Además es Semana Santa Electoral, lo que faltaba, nunca hubo tal, de modo que es «de libro» (sagrado) esperar que todo candidato niegue hasta tres veces lo que quiera antes de que cante el gallo preso en una urna engallada.

Habrá espectáculo, sí señor, sí Señor. Salvo rojeras finos y laicos recios (no aquel alcalde centimetropolitano socialista y cazurrete que lo mismo se arrimó de bracero a la Dolorosa que a una moción de laicidad municipal), ¿qué candidato no se arrimará al piadoso cotarro sabiendo que ahí lucen los rasgos emocionales del pueblo elegido de Dios en marcha a la nación celestial desde un valle de lágrimas donde volverá a imperar Cristo Rey por la gracia de Vox?... hasta desfilará algún político cambiando túnica o capa pluvial por un capote de brega de grana y oro y el cirio por una escopeta de dos perrillos para que reine de este modo la trinidad identitaria de lo ibérico, ese caldo «gran reserva espiritual»: las procesiones, los toros y la caza... dejando la exaltación del jamón de bellota para cuando pase el tiempo de ayuno y abstinencia y confiando celebrar con él el triunfo pascual que cada cual se promete.

Cada político comprobará estos días que aquí gustan mucho los desfiles, las apariencias, el disfraz... y que se carnavalea hasta con lo más sagrado aunque las iglesias se despueblen y hoy la mitad de menores de 30 años se declare abiertamente ateo (cierto, aunque lo diga el Cis)... que aquí nidiós cree más que en su círculo, en sus ritos y sus pitos (cornetas)... y que no se verá a la izquierdina criticando este nazarenato nacional de fe carbonera porque temen al coro del «yo, por mi Virgen, máááááá-tó»... así que ni se la toques, chaval.

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