Diario de León

UN LUGAR CON MEMORIA

«En el Archivo Histórico se podía entrar en madreñas»

La astur-leonesa que dignificó los legajos. Carmen Fernández Cuervo estuvo durante 35 años al frente del Archivo Histórico Provincial, un servicio que levantó de la nada y se ha convertido en referente de la archivística y la investigación. Hoy recibe la Madreña Astur-Leonesa Cismontana en Madrid.

Carmen Fernández Cuervo, ayer en su casa. FERNANDO OTERO

Carmen Fernández Cuervo, ayer en su casa. FERNANDO OTERO

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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El nombre de Carmen Fernández Cuervo está ligado a la historia del Archivo Histórico Provincial de León. Esta asturiana que recaló en León en 1972 tras conseguir la plaza de facultativo de archivos en una oposición, se dedicó durante 35 años a la gestión de los fondos documentales de la provincia y «es una de las personas que, en silencio, ha hecho más de lo que parece por León».

Así lo dice Joaquín Alonso y así lo ha valorado la Casa de León en Madrid al reconocerla hoy con la Madreña Astur-Leonesa Cismontana en el marco de los actos de la Cátedra Asturias-León que celebran hoy en Madrid.

Jubilada desde el 2007, esta avilesina de nacimiento ha recibido el galardón «con mucha ilusión». «Estoy muy contenta feliz», confesaba ayer por teléfono. «Soy asturiana y me lo da la Casa de León, pero ya soy leonesa y mis hijos han nacido en León». Y que el insigne Eutimio Martino sea su compañero de la Madreña Astur-Leonesa Transmontana lo considera una estupenda coincidencia: «Fue uno de los primeros clientes del archivo».

Carmen Fernández Cuervo recuerda que cuando llegó a León le resultó «irónico» hacerse cargo de un archivo sin local propio. «Teníamos dos sótanos, uno en Hacienda y otro en el edificio Fierro». Y tan solo había dos empleados, un auxiliar de archivos y bibliotecas y un mozo de cuerda que «no era mozo ni nada, porque tenía 67 años y hacía algo así como de guardia civil». «Empezamos en un sótano sin agua, con luz sí, con las estanterías montadas a dos metros porque cuando llovía se inundaba», recuerda. «Entrábamos con botas y hubiéramos podido entrar con madreñas», relata.

Fue empezar casi de la nada. «Aquello eran 400 metros de estanterías gris y un investigador que era ‘el investigador’. No había más», explica. Entre 1974 y 1975 pasaron a la Biblioteca Pública de Santa Nonia, donde permanecieron hasta 1983.

«Con los cambios en el país se nos llenó la estantería de documentos: los sindicatos verticales, la prensa del movimiento, la sección Femenina... se convertían en otros departamentos administrativos y fuimos recogiendo documentos», añade.

También empezó a «recoger todos los elementos residuales» de la vieja administración. «Si no pa’ mí...», decía Carmen Fernández cuando había que buscar destino a los funcionarios que se quedaban sin cometido. «Recogimos dos de sindicatos y ya éramos cinco».

En el aspecto de la investigación, señala que fue un hito el momento en que el Colegio Universitario de León amplió sus estudios a Historia. Ya empezaba a llegar gente interesada en los legajos de manera más regular.

«Cuando vimos que aquello ya estaba lleno empezamos a buscar otro local y encontramos la cárcel, que era impropia, pero se hicieron obras de rehabilitación y, de esta manera, fuimos el primer archivo de Castilla y León que tuvo sede para él sólo», añade. «Lo más importante de la cárcel es que montamos un tinglado para atender bien a la gente necesitada de documentos. Enseguida la gente empezó a ir a buscar sus papeles», recuerda. Pronto se hizo pequeño y se adaptó la iglesia de Los Descalzos, aneja al penal convertido en archivo. «Pero también se llenó». Cada vez había más documentos y el archivo extendió sus estanterías hasta el centro ocupacional de Santa Isabel. «Éramos de buscar sitios raros, también teníamos ocupado el taller de pintura del antiguo parque móvil y queríamos quedarnos. Patrimonio del Estado nos apoyó y pasamos de tener 400 metros a los 40.000 que hay ahora». Es un archivo de referencia en España por ser el que «tiene los depósitos más grandes aunque estén repartidos. Y no es gracias a mí, sino a todos», subraya.

«La jubilación llegó antes que el proceso finalizase, pero consiguió que el AHP de León sea el archivo histórico provincial con más kilómetros de depósitos y más documentación del territorio nacional», puntualiza la actual directora. La plantilla alcanzaba ya los 16 trabajadores. Sólo Salamanca cuenta con más personal.

En la época del pantano de Riaño se inventariaron los documentos de ayuntamientos y juntas vecinales. Muchos acabaron por voluntad de los pueblos en las estanterías del Archivo Histórico Provincial.

Y otros municipios desaparecidos por pantanos o fusionados, en la zona de Omaña y Luna, Quintana del Castillo y Páramo del Sil, Valderrueda, Puente Almuhey siguieron el ejemplo. Otros simplemente los inventariaron, como el caso de Soto y Amío. Recuerda bien los nombres de los secretarios que fueron sus aliados en esta ingente tarea.

Carmen Fernández Cuervo no escamotea en su relato que también hubo «malos momentos» y saca a colación el episodio del robo de documentos a finales de los 90. Aquello «afortunadamente se superó», dice, «pero la macha quedó y la quitamos aplicando sistemas de calidad. Nos dieron el premio FQM», resalta. Fue en 2003. Al año siguiente realizó el peritaje judicial del Libro de la Sal y la Carta Puebla de Villablino que desapareció misteriosamente del consistorio lacianiego y recuperó dos años después.

Carmen Fernández Cuervo no ha vuelto a pisar el Archivo Histórico Provincial desde que se jubiló hace doce años. Pero su huella ha quedado. Como recuerda la directora actual, Eva María Merino, «fue una de las primeras archiveras que trabajó en la introducción de sistemas informáticos que facilitasen el desarrollo de instrumentos de descripción que permitiesen acceder a la documentación al público en general». Hay que destacar que cuando la informática no existía para el común de los mortales, la inquieta paleógrafa realizó su primer curso de informática aplicada a la archivística. Era en 1976. Se formó en numerosos cursos de otras especialidades en Madrid y en París.

El Archivo Histórico Provincial, defiende Cuervo, «cumple una labor muy buena» de servicio público y la labor realizada —hasta conciertos de rock se organizaron en el patio de la cárcel archivo— ha tenido también una dimensión social. Muchos jubilados y amas de casa encontraron en los legajos una historia en la que volcar su vida.

Esta especialista en Paleografía y Diplomática entretiene su tiempo en una labor no menos ingente para su familia. Se ha dedicado a escanear y volcar en un disco duro las fotografías de la familia guardadas en negativos. Viaja y va al cine y al teatro.

Atrás quedaron sus años de estudiante de Filosofía y Letras en Oviedo y luego en Zaragoza, donde realizó la especialidad. La tesis de licenciatura, que recibió el premio García Arista. Hoy irá a Madrid y volverá con una madreña muy especial.

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