EL RETO DE LA SOCIEDAD
«Si no se cambia la organización social subirán los suicidios»
CARLOS MARTÍNEZ ALONSO / Científico

Carlos Martínez conversa con Juan Carlos Izpisúa. INÉS POVEDA
El Centro Nacional de Biotecnología homenajeó ayer al científico leonés Carlos Martínez Alonso (Villasimpliz, 1950), bioquímico, doctor en inmunología, ex secretario de Estado de Investigación en el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2008) y presidente del Csic en 2004, entre otros cargos y premios científicos que ahora reconocen en un homenaje investigadores como Fernando Roja Castro, director del Centro Nacional de Biotecnología, donde actualmente ejerce de profesor investigador; Rosa María Menéndez, presidenta del Csic; Ángeles Heras, secretaria de Estado de Investigación; Frederick Alt, del hospital infantil de Boston; Juan Carlos Izpisúa, investigador del Salk Institute en California; y Sergio Lira, inmunólogo de la Facultad de MEdicina del Monte Sinai en EE UU, entre otros.
—¿Este homenaje es porque se jubila?
—El problema es que en mi grupo no hay nadie con plaza fija. Aguantaré hasta que alguien consiga la plaza y me jubilaré. El Centro Nacional de Biotecnología me ha organizado este homenaje porque es muy difícil hacer coincidir en una misma fecha a estos cinco ponentes de las áreas científicas en las que he desarrollado mi carrera.
—¿Qué proyectos de investigación tiene abiertos aún?
—El que cada vez me apasiona más: regeneración y lucha contra el envejecimiento. Si algo hemos aprendido en estos años es que el envejecimiento es el factor de riesgo más importante para las enfermedades. Por lo tanto, si actuamos previniendo el envejecimiento podemos evitar el desarrollo de muchas enfermedades, como la cardiovascular, el cáncer, las neurodegenerativas...
—¿Conseguirá la ciencia que seamos inmortales?
—No. no. De lo que se trata es de retrasar el envejecimiento, este es el primer logro. El segundo es, si es posible, una vez que uno ha envejecido, modificar y mejorar la plasticidad y rejuvenecerse parcialmente. Hay evidencias en el mundo científico de que es posible, y por tanto, actuar con el control epigenético, en la expresión de los genes. No se trata sólo de modificación genética, que es complicado. Hay evidencias de que se puede contribuir a mejorar o aumentar la plasticidad de los organismos.
—¿Eso significa que podremos llegar a tener cien años con una edad biológica de 30, por ejemplo?
—Significa llegar a tener cien años con una edad biológica que no se corresponda con los cien años y por tanto, esas enfermedades que se asocian al envejecimiento se retrasarán o no aparecerán, esa es la cuestión que todavía está abierta.

Mario Mellado, vicedirector del CNB, Carlos Martínez, Angeles Heras, secretaria de Estado para Investigación, Universidades, Desarrollo e Innovación, Rosa Menéndez, presidenta del CSIC, Fernando Rojo, director del CNB, Peter Klatt, vicerrector técnico del CNB y Ana Clara Carreras, investigadora del CNB ayer, en el homenaje a Carlos Martínez. INÉS POVEDA
—En el homenaje que le han dado hoy (por ayer) se ha hablado de la biología del siglo XXI, pero ya se están sentado las bases de la biología del siglo XXII
—Se trata de entender cuáles han sido las consecuencias de los avances del siglo XX y esperar que el futuro signifique la gran aportación del conocimiento para resolver los problemas.
—El conocimiento de los fenómenos biológicos cambia el mundo, con la ayuda de la tecnología. ¿Tienen ya los conocimientos para clonar personas?, ¿cómo se compatibilizan los avances científicos y la ética?
—Aquí hay dos aproximaciones. Uno es el avance científico y tecnológico y otro los condicionamientos éticos. Si hay algo que caracteriza a nuestro siglo es la cantidad de información que estamos generando, pero no tenemos un mecanismo sencillo para trasladar esa información al conocimiento, que es una de las grandes revoluciones que hay que realizar. Va mucho más deprisa el avance científico y tecnológico que los avances culturales. Muchos de los avances científicos no son posibles en humanos porque la sociedad y la ética no permiten hacerlo. Hay un consenso por parte de todos los organismos internacionales para no realizar modificaciones genéticas en la linea germinal, excepto las dos niñas chinas que han nacido con una modificación del gen R5 que es el gen para el virus de la inmunodeficiencia adquirida. Excepto esto, no se ha producido, por lo menos conocido, ninguna modificación de la líneas genética germinal en humanos, pero sí tenemos tecnología que no requiere modificación genética en la línea germinal, que permite modificarlas en el embrión, en el feto, en el neonato y en la vida adulta dependiendo del órgano y el tejido. Creo que no es necesario acudir a modificaciones del comportamiento ético para realizar una buena parte de las modificaciones genéticas porque ya tenemos tecnología que permita hacer desde el embrión hasta el individuo adulto de manera controlada en el tejido y en el órgano, y eso son avances que se saben en modelos experimentales, algunos ya hechos incluso en humanos, con patologías como la distrofia muscular. La ética siempre va a tener que jugar un papel, porque la comunidad científica lo que hace es poner el conocimiento en manos de la sociedad para que sea la sociedad la que diga qué podemos hacer y qué no podemos hacer. Y esa sociedad debe estar organizada para que participen en esas decisiones la comunidad científica, los filósofos, los sociólogos y los economistas, porque son decisiones que tenemos que tomar entre todos.
—¿Hasta qué edad podemos llegar a vivir? ¿cuáles son las perspectivas?
—El objetivo no es tanto cuántos años viviremos sino vivir mejor. El segundo es un debate que no está resuelto. No sabemos si hay un reloj biológico que controla la expectativa de vida. Hoy sabemos que a pesar de haber duplicado la expectativa de vida media, el límite jamás superado son los 122 años. Cada vez hay más centenarios. Esto plantea muchos problemas desde el punto de vista de organización social. Si con la organización social actual las personas se siguen jubilando a los 60 y viven hasta los 120 años, o cambiamos la organización social y damos capacidad de incluir a estas personas en los puestos de trabajo desde el punto de vista de desarrollo profesional, o tendremos un serio problema en la organización social del futuro. La comunidad científica llama la atención a los sociólogos y políticos para que organicen otro modelo de sociedad porque la ciencia está aportando conocimiento que va a hacer esta organización incompatible con la vida. Hay estudios que demuestran que la prolongación de la expectativa de años de vida en la estructura social actual aumentaría de manera extraordinaria el suicido. Hay que ser conscientes y luchar contra eso.
—¿La economía debería mirar a la biología para el desarrollo del país?. La ciencia hasta ahora ha estado maltratada, sin recursos y con investigadores en precario.
—Hay que cambiar el modelo de crecimiento y de desarrollo económico, y no centrarlo en el turismo y la construcción. La ciencia tiene mucho que decir. Sabemos que el 65% del empleo del futuro está aún por descifrar. Hay que apostar por un modelo de formación que de flexibilidad y estabilidad y la ciencia ha dado pruebas suficientes para ser un modelo a seguir. Y si no hacemos esto comprometemos el desarrollo económico y social y aumentarán la segregación y las desigualdades de la población. De nuevo, las políticas sociales y la financiación de la investigación se constituyen como piezas fundamentales para garantizar no solo esa España sino la Europa del futuro y competitiva.
—¿Cuál es la situación actual de la investigación con respecto a cómo estaba cuando usted ocupó la cartera de secretario de Estado?
—Tuve suerte porque me fui cuando la financiación de la investigación eran 6.400 millones de euros. En este momento son 4.300. Todavía queda mucho por hacer para lograr los niveles de financiación del año 2008 y 2009. En aquel momento, hubo un presidente del Gobierno, sobretodo los primeros cuatro años, que apostó por la ciencia de manera clara y decidida y se comprometió a un aumento anual del 25% y lo hizo. Ese fue un compromiso cumplido. Necesitamos otra vez ese compromiso y que el próximo presidente del Gobierno vea la investigación como un motor de desarrollo y competitividad de futuro.
—Los investigadores se quejan de que el sistema y la presión por publicar pueden estar acabando con la rigurosidad de la ciencia porque hay casos los que no es posible la reproductividad de los resultados.
—En la ciencia, como en todas las actividades de la vida. se cometen errores. No son ni más ni menos que en otras actividades. La reproductividad de los experimentos son imprescindibles y aquellos que no son extrapolables a otros modelos no se incorporan al acervo científico, y eso es una gran virtud de la ciencia y del avance científico.
—¿Pero se están perdiendo recursos por el camino?
—Que yo sepa no está evaluado. No creo que este sea el mayor problema que en estos momentos tenemos la comunidad científica.
—¿Cuál es el problema?
—Apostar por la ciencia como instrumento de generación de conocimiento. Hay pruebas contundentes de que no siempre es exitosa si se utiliza para objetivos concretos. La ciencia debe tener un compromiso de generación de conocimiento y hay que buscar estrategias para reproducirlo y trasladarlo a términos de desarrollo para el avance humano.
—En qué posición está ahora mismo León para competir.
—León tiene un problema de envejecimiento. La despoblación afecta a estos ámbitos de la economía y habría que tratar de conseguir que la iniciativa privada apoye de una manera clara la investigación en la Universidad de León para retener el talento. Esperemos que lo que surja de las elecciones del domingo contribuya a hacer de León una provincia y una comunidad en la que la ciencia se constituya como una bandera de progreso.
—Mujer y ciencia... (no deja terminar la pregunta)
—La mujer es el 50% de la sociedad. Todo lo que hagamos por dar visibilidad y promocionar a la mujer en la ciencia es tan importante como el conocimiento que generamos.