Diario de León

GENTE SOLIDARIA

La cuentista de León que transforma realidades en África

Ana Cristina Herreros presenta en la ULE sus proyectos solidarios en Mozambique, Sáhara y Senegal. El Congreso Universitario de Cooperación Internacional se dedica al agua

Ana Cristina Herreros en una imagen en la que escucha historias entre población albina en Mozambique. KIKE CARBAJAL

Ana Cristina Herreros en una imagen en la que escucha historias entre población albina en Mozambique. KIKE CARBAJAL

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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«Las cosas van a cambiar cuando seamos conscientes de que se pueden hacer de otra manera», afirmó ayer Ana Cristina Herreros, en el I Congreso Universitario de Cooperación Internacional que se desarrolla hasta el día 24 en la Universidad de León.

Esta leonesa, filóloga de formación, ha decidido transformar algunas pequeñas, pero importantes, cosas en África con cuentos. Ana Cristina Herreros en la vida real, Ana Griot, en la vida artística, cuenta cuentos desde que hace treinta y tantos años salió de León a Madrid en busca de nuevos horizontes.

Empezó en El Retiro y continuó por los cafés de Malasaña. Se ganaba la vida como correctora y editora —lo fue en Siruela de autores como Gamoneda, Colinas y Pereira— pero la oralidad se le había pegado a la piel.

Ella, que tanto había anhelado los cuentos que su abuela nunca le contó, se convirtió en una contadora universal y rompió el silencio de varias generaciones de mujeres de su familia. También escribió un montón de libros.

Hace cinco años, cuando la editorial descatalogó algunos de sus títulos y se vio con excedentes de ejemplares que amenzaban con hundir el suelo de su casa empezó a rumiar un proyecto que ahora se expande por África, en Senegal, los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf y Mozambique.

Ayer presentó su experiencia de cooperación y transformación social a través de la literatura oral en el I Congreso Universitario sobre Cooperación al Desarrollo que se desarrolla en la Universidad de León hasta el día 24.

Lo que empezó como un proyecto de biblioteca solidaria se ha convertido en la editorial Libros de las malas compañías, ha contribuido a rescatar de la tradición oral centenares de cuentos en Senegal, Sáhara y Mozambique en sus lenguas vernáculas. Y de paso a ayudar a alfabetizar a muchas mujeres, promocionar el español y dignificar la vida

Ana Cristina Herreros llegó a Senegal con dos maletas llenas de libros y otra de medicamentos. «Llevamos los libros a la biblioteca Teba Diatta y nos dimos cuenta que no había libros para los niños», explicó ayer en la Facultad de Educación. Así que decidieron contactar con los abuelos del lugar para que contaran las historias que habían oído a sus antepasados. «Y prestábamos abuelos, en lugar de libros», añadió.

Recogió más 200 cuentos en yola que nunca habían sido escritos (en África hay más de dos mil lenguas que no se escriben). Treinta y tres de esas historias pasaron por la imprenta en el primer libro solidario de la Serie Negra de Libros de las malas compañías («no son novela policíaca sino cuentos de gente negra», matiza), El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la Baja Casamance. Además, ayudan a la red de enseñanza del español, que es el segundo idioma preferido en Senegal, y han puesto en marcha un programa para enseñar a leer y escribir a las mujeres, en francés, como ellas pidieron. «Vimos que las mujeres no venían a la biblioteca porque no sabían leer y escribir e iniciamos el programa de enseñanza», explicó. Ahora las mujeres escriben los cuentos en telas, una experiencia editorial novedosa que surge de la carencia de papel.

Los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf fueron el segundo enclave al que llevó el proyecto para rescatar la tradición oral africana y llevarla a la literatura. En 2016 visitó los campamentos de Dajla, Bojador y Smara. Los cuentos del erizo y otros cuentos de las mujeres del Sáhara da título al libro que recoge los cuentos casi olvidados después de 42 años en el exilio, «abandonados por España y los intereses de Estados Unidos y Francia».

Las voces de las ancianas saharauis se pueden escuchar en la web de Libros de las malas compañías en hasanía, la lengua materna del pueblo saharaui.

«Cuando pensábamos que no había gente con menos derechos que el pueblo saharaui, nos encontramos con las personas albinas de Mozambique», explicó para introducir el libro Los cuentos del conejo y la gente albina de Mozambique. «Fuimos a escucharles para demostrar que son seres humanos», señaló. Como todos los libros de esta editorial, se imprimió en España con papel FSC, que no deforesta la selva amazónica y al margen de los mandatos de las grandes editoriales.

Las personas albinas son consideradas espíritus y, aparte de ser víctimas de los traficantes de órganos, son víctimas de agresiones por superstición. A un niño que conoció en la calle le habían mutilado dos dedos para fabricar un amuleto.

En Mozambique se planteó ayudar a las personas albinas que viven en una especie de campo de refugiados con la donación de máquinas de coser que recogió en el barrio de Chamberí, su lugar de residencia. «Las máquinas que cosieron la vida de las mujeres de Chamberí cosen ahora la vida de estas personas en Mozambique», explicó.

«Reír, el humor y la capacidad de fabular son los distintivos del ser humano», enfatizó en la charla, que remató con un cuento inspirado en un niño albino de cuatro años que acude al centro donde les dan leche y pan cada mañana. Ahora busca que la fundación del Barça apadrine a este año.

Para Ana Cristina Herreros la cooperación al desarrollo es un cuento que quiere hacer realidad la transformación social. De aquí para allí y de allí para aquí. Ayer contaba sus experiencias como si fueran cuentos, sí, pero aderezadas, con muchas dosis y datos de la realidad: «España está a 14 kilómetros de África y conocemos muy poco porque no nos lo cuentan», apuntó.

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