Muere la joven holandesa que pidió la eutanasia tras sufrir abusos sexuales
álvaro soto | madrid
«No me voy a andar con rodeos: voy a estar muerta como mucho en diez días. Tras años de duelo, mi lucha ha terminado. Por fin voy a ser liberada de mi sufrimiento porque es insoportable. No me intentéis convencer de que esto no es bueno. Es una decisión bien consideraba y definitiva». Así de desgarrador fue el mensaje de despedida en la red social Instagram de Noa Pothoven, una joven holandesa de 17 años que murió el pasado domingo en una cama de hospital que se había instalado en su casa de la localidad de Arnhem. Pothoven sufrió una primera agresión sexual en una fiesta escolar, cuando tenía 11 años y era una niña alegre que sacaba buenas notas. Tres después, fue violada por dos hombres en un callejón de su ciudad. No denunció «por miedo y vergüenza», pero desde aquel momento, padeció estrés postraumático, anorexia y depresión. Todo ello lo relató en el libro Winnen of leren (Ganar o aprender), en el que contó la imposibilidad de llevar una vida normal.
En las últimas semanas, Pothoven había dejado de comer y beber y estaba preparada para morir, junto con sus padres, que en estos últimos momentos apoyaban su decisión, y el resto de su familia y amigos.