La Deportiva siempre vuelve

ÁLEX ESTÉBANEZ
Después de tres años de su particular travesía por el desierto, que incluso llevó al equipo a acercarse más de que le hubiera gustado a la Tercera División, la Deportiva está de vuelta en el fútbol profesional. La llegada de Jon Pérez Bolo al banquillo blanquiazul el pasado verano vino acompañada de un sentimiento de ilusión recuperada que con el paso de las jornadas se demostró más que fundado.
Tras un bache de resultados mediada la temporada, el equipo se contagió del optimismo de su entrenador y protagonizó una recta final de competición que llevó a la Ponferradina a jugar una nueva fase de ascenso a Segunda en la que, si no se paseó, poco le faltó para hacerlo.
Los blanquiazules sufrieron un revés inesperado en la ida de la primera eliminatoria en Cornellà, pero a partir de entonces fueron un equipo superior a todos los rivales que se le pusieron por delante, de tal modo que realizó dos exhibiciones de fútbol en Cartagena y Alicante de las que quedarán en la memoria de los aficionados durante mucho tiempo. La vuelta en El Toralín ante el Hércules fue la guinda a un pastel que sabe a fútbol profesional.
Un pastel, por cierto, del que la Deportiva empieza a saberse la receta de memoria. No en vano, de las últimas 13 temporadas la Ponferradina ha jugado seis en Segunda División, y en unos días comenzará su séptima andadura por la categoría de plata del fútbol español.
Para esta nueva aventura, en El Toralín han aprendido de los errores del pasado, especialmente de los cometidos en la aciaga temporada que terminó con el descenso a Segunda B. Donde entonces se fichaban jugadores con nombres impronunciables y procedencia exótica, ahora se ha apostado por futbolistas curtidos en Segunda o con tantos partidos de Segunda B a sus espaldas que podrían convalidarles varias asignaturas de la categoría superior. Pero, sobre todo, se ha reforzado con jugadores con hambre de fútbol.
Fichajes que vienen a completar la base de un equipo que el año pasado demostró ser una piña dentro y fuera del campo, que apretó los dientes cuando fue necesario para sacar el barco adelante entre todos y que, en algunos casos, renunció a cantos de sirena para seguir defendiendo la camiseta blanquiazul.
Como capitán de la nave, un Jon Bolo cuya carrera como entrenador va camino de llevarle muy arriba, ojalá el banquillo de El Toralín, pero que sabe mantener los pies en el suelo y transmitir a sus jugadores la ilusión que mantiene por el fútbol que le hizo grande como jugador y que, seguro, también le recompensará en la labor técnica.
No se puede decir que las cartas están sobre la mesa, porque los caprichos del mercado de fichajes todavía pueden deparar cambios incluso con la temporada ya comenzada, pero sí que debemos tener claras las palabras que un buen amigo y mejor deportivista repite a menudo: «La Deportiva siempre vuelve». De hecho, ya ha vuelto, y lo ha hecho con toda la intención de quedarse.