Diario de León
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León

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nicolás miñambres

Es un acierto contemplar el rostro entre las manos de Antonio Pereira. El milagro crece cuando el lector se adentra en sus páginas, amparadas por un Indice onomástico, distribuidas en tres bloques: I, Competente en el ramo, II, Las raíces y las alas y III, Mientras el cuerpo aguante. Todo ello es fruto de la personalidad del autor. La obra abarca desde 1970. Costa de Málaga, Año Nuevo, hasta Madrid, septiembre, 2000. Un espacio temporal, pleno de las ocurrencias y reflexiones. Quien lo conoció sabe que la recopilación de sus anécdotas y reflexiones era casi infinito. Semejante era su afición itinerante, en momentos en los que los viajes no estaban al alcance de cualquiera.

Casi podría definirse el libro como el fruto de una mirada universal, plena de significado: nada escapa a sus pupilas, ni en lo bibliográfico, ni en lo humano, describiendo casi en primer lugar a don Antonio González de Lama, su gran amigo. Con estos recorridos, la compañía de Úrsula, su esposa, teje el variado mosaico humano y profesional: el mundo entero está a su alcance comentando las experiencias. Pereira era amigo de todas las criaturas, de todos los paisajes y de todos los momentos, lo que explica su admiración al verse en una foto, que le ilusiona, pero relativamente: «La primera vez que salía mi foto en un periódico, pero no recuerdo que me procurara progresos galantes». Pocos ambientes artísticos, libros, monumentos, personajes y sucesos dejaron de ser contemplados desde su mirada. Era esencialmente cosmopolita, viajero: tenía los elementos que no suelen darse en personas como él: culto, simpático, sabio, ocurrente, ingenioso y … gran poeta. No es mala combinación. Por ello, sus andanzas eran una invitación a las glorias periclitadas del mundo, del arte, de las relaciones y, sobre todo, de la creación. Sin olvidarse de sus tierras, bercianas y leonesas, recordando su esencia. Pero hay que reseñar un nuevo elemento: además de culto, era su inquietud, su curiosidad, su bonhomía, y su cosmopolitismo, lo que le permitió el contacto especial con grandes hombres, de gran fortuna y de gran sabiduría.

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