Diario de León
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León

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El PSOE ha mantenido una reunión oficial con la representación parlamentaria de Bildu en la ronda de contactos previa a la investidura de Pedro Sánchez, designado aspirante por el rey. Y de nuevo la derecha tonante ha puesto el grito en el cielo por semejante contradiós. Pero en esto ha salido Luis Rodríguez Aizpeolea, un brillante y veterano periodista especialista en el País Vasco, con una trayectoria democrática clara que le llevó a padecer en su día las amenazas de ETA, a recordar la sustancia de los pactos de Ajuria Enea (1988) y de Madrid (2000), el primero suscrito por todas las fuerzas democráticas incluida AP, el segundo firmado inicialmente por PP y PSOE y apoyado más tarde por la mayoría de las demás fuerzas. Aquellos pactos mantenían la tesis de que el independentismo podía defenderse por vías pacíficas, legales y democráticas, con lo que se deslegitimaba absolutamente la acción armada y se ofrecía indirectamente una vía política de militancia y proselitismo a los soberanistas dispuestos a defender pacíficamente sus ideas. Más tarde, Batasuna, con diversas denominaciones, fue considerada razonablemente por la justicia española parte integrante de ETA, acusada de cómplice de los terroristas e ilegalizada.

Es muy cierto —y lo afirma paladinamente Aizpeolea— que Bildu no ha hecho todavía la debida autocrítica por su complicidad con ETA, que fue criminalizada en los tribunales, ni ha pedido perdón a quienes han sido víctimas no sólo del furor asesino que exhibió y ejerció ETA sino también de la macabra exclusión que el mundo abertzale prodigó a los vascos que pensaban distinto (léase ‘Patria’ de Aramburu para entenderlo). Precisamente por estas carencias, muchos pensamos en el plano privado y personal que quienes militan en Bildu no reúnen los estándares mínimos éticos y humanos que han de cumplir quienes se hacen amigos nuestros. Pero los demócratas no tenemos derecho a excluir a quienes representan a un sector de la sociedad civil, sin violencia, por el simple hecho de que no coincidamos con su versión de la historia reciente. En definitiva, este país ha tenido/ tiene problemas claros de identidad en Euskadi y en Cataluña. Estaremos vigilantes, pero en modo alguno podemos ponernos de nuevo la venda antes de la herida.

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