Diario de León
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León

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josé enrique martínez

La primera vez que me acerqué a la obra de Rafael Ballesteros (Málaga, 1938) me sentí atraído por la variedad de recursos formales que convertían su poesía en aventura compleja y atrevida, aceptando el modelo clásico del soneto para subvertirlo desde dentro. Es el caso de Las contracifras (1969), Turpa (1972) y los libros que siguieron. En 1995 José María Balcells editó, con extensa introducción, la obra del malagueño hasta el momento. Años después, Juan José Lanz lo hizo en Poesía (1990-2010), con generoso estudio introductorio. Llaman la atención los títulos singulares de los poemarios de Ballesteros, como Jacinto (1983) o este Jardín de poco que reúne los tres últimos libros del poeta: el homónimo del conjunto, más Contramesura y Almendro y Caliza. Es ahora López-Pasarín el que realiza el estudio previo, con pautas de lectura para una poesía formalmente osada y con dificultades que bien pueden vencerse si lee sin apresuramiento.

Contramesura supone una vuelta al soneto desde «el apego a los modos barrocos y la influencia del postismo». De este último derivan las informalidades de los sonetos de Ballesteros, sentenciosos, satíricos y elegíacos. Lo que chirría adrede es el aspecto formal, con libertad absoluta en cuanto a las rimas, asonantes, consonantes, o mixtas. Lo que hace Ballesteros es desafiar a la norma, algo propio de toda poesía que se precie, convertir el soneto en un ejercicio de alardes verbales de variada laya. El segundo texto, Almendro y Caliza, consta, de acuerdo con el título, de dos extensos poemas motivados por la muerte de uno de los hijos del poeta; se trata de un texto complejo del que dice López-Pasarín que expresa la relación del hombre y la materia que dura (la caliza) o que se renueva periódicamente (el almendro), frente a la fragilidad del hombre, del que, sin embargo, ensalza «la dificultad conmovedora de sus fuerzas por superar las innumerables constricciones a que está sometido, y del valor supremo de la vida». El poemario último lleva el título mismo del libro, Jardín de poco: poemas breves nacidos ante el sencillo jardín familiar y sus connotaciones simbólicas, a las que se añade la sombra de la fugacidad y de la muerte: «No ha puesto el pie en este / jardín de poco la codicia. Sí lo parco / y modesto, el escueto pan, la escasa / cecina.... / Sólo la luz / es amplia y generosa, pródiga y bizarra».

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