Una novela trepidante

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alfonso garcía
Emma Cruz —«Era de esas personas que van hasta el final, que cuantos más obstáculos encuentran en el camino, más le motivan»—-, abogada y profesora universitaria de derecho penal, llega a Merlo –su relación con Mario parece una huida-, un pueblecito cercano a Vigo, donde ejerce. «Todos en Merlo eran víctimas de la niebla. Les afectaba a los huesos, a las articulaciones, al carácter». En él hace veinticinco años que había ocurrido una verdadera desgracia que dejó marcado al pueblo y a no pocos de sus vecinos: la desaparición de las hermanas Giraud. «Merlo tenía un toque mágico y perturbador…», y sus habitantes guardan secretos inconfesables. Cuando Emma se interesa por el asunto tratando de involucrar al comisario Arias, ahora compañero de facultad, parece que empiezan a aclararse las cosas, cuyo final, aunque en alguna medida abierto, rompe toda la tensión acumulada.
Hay varias novelas dentro de la novela, aunque una sea la línea argumental que predomine, dura sin duda, aunque tamizada en alguna medida por una, acaso dos historias de amor. La incorporación de acciones o asuntos a la trama –siempre de mucho interés, en no pocos casos de plena actualidad-, la enriquecen sustantivamente, porque, como complemento, ese entrelazarse de personajes e historias conforman un espacio, muy definido y con su propia «atmósfera», con todos los ingredientes y la creciente intensidad, sin duda uno de los grandes activos de Infamia. Debe subrayarse igualmente cómo se produce la confluencia de todas las piezas en un encaje preciso. Ledicia Costas (Vigo, 1979), conocida hasta ahora por su obra narrativa en el mundo infantil y juvenil, llega con esta novela al ámbito de los adultos, límites que nunca acabo de entender bien. Sea como fuere, lo cierto es que su escritura, fresca e intensa, tiene el don de la veracidad, por natural, llena en todo momento de fortaleza y elegancia. Y en este caso el ritmo trepidante que ha sabido imprimir hace de esta una novela poderosa.