«Soy crítica con la vida y conmigo»

La escritora Alicia Giménez Barlett publica ‘Sin muertos’, la novela en la que desvela a sus seguidores la biografía de su personaje más célebre, Petra Delicado
césar coca
En las múltiples sesiones de firma de libros y presentaciones que realiza, a Alicia Giménez Bartlett le preguntaban muchas veces por aspectos personales de Petra Delicado, la protagonista que inventó para una serie de novela negra de gran éxito. Así que decidió que había llegado el momento de contar la vida privada de esta inspectora de la Policía Nacional, más allá de su trabajo en una comisaría de Barcelona. Giménez Bartlett publica Sin muertos (Ediciones Destino). Ahí está la peripecia biográfica de su personaje, su juventud, sus amores y sus divorcios, su paso por la Academia de Policía y la compleja relación con su madre y sus hermanas.
—Algunos lectores se sorprenderán al ver que no hay crimen que resolver.
—Sí, y puede que sea desagradable para quienes buscan una novela policial clásica. A otros les hará gracia por lo que supone de encuentro con el personaje. Pero yo no engaño. Desde el título ya digo lo que sucede.
—Una vez comentó en broma que quizá cerrara la serie haciendo que Petra se convirtiera en monja. No lo ha hecho pero, pudiendo haberla mandado a un balneario a descansar, la ha enviado a un convento...
—Creo que un convento debe de estar muy bien para pasar unos días. Hay orden y silencio, puedes dar paseos y reflexionar. Me parece una vida envidiable, sobre todo si tienes creencias. Y si eres viejecita, te cuidan.
—La novela es además un recorrido desde los últimos años del franquismo hasta ahora.
—Aunque no sabemos exactamente cuántos años tiene, Petra Delicado es una mujer de la Transición. En esta novela cuento que en su estancia en la Academia de Policía solo eran nueve mujeres. Luego ha habido muchísimas más. Siempre he tratado de no dar referencias muy concretas en las novelas.
—La novela tiene bastante humor y no poca mala leche. ¿Es lo que mejor encaja con el personaje?
—Es inherente al personaje y su autora. Yo soy crítica con la vida y conmigo misma, y en las novelas Petra aparece también así. Es una mujer inconformista y escéptica, y había que ser coherente con eso. De ahí el sesgo crítico y mordaz.
—Ahora que sabemos más cosas de ella, ¿cuánto hay de Alicia en Petra?
—Lo más autobiográfico es el paso por las Teresianas. En esa parte del libro hay recuerdos míos. Luego ya no hay más similitudes. Ella es otro tipo de mujer, más valiente. De todas formas, tenemos vivencias en común, como no podía ser de otra manera, sobre el amor, la pasión, las decepciones con cosas de la vida...
—¿La historia privada del personaje estaba en su cabeza aunque no la hubiera contado en las novelas anteriores o la ha construido ahora?
—No la había imaginado hasta ahora, salvo la vida amorosa, de la que algo he hablado en otras novelas anteriores. Lo mismo pasa con su familia. En un título de la serie aparece una de sus hermanas que se acaba de divorciar, y eso es todo. Sí había pensado en algún momento desarrollar aspectos de su pasado de forma más extensa y quizá incluirlos como capítulos en sus historias de investigación. Y esta ha sido la ocasión.
—Hubo una serie de TV tras las primeras novelas pero luego nada más. ¿Siente envidia de las que se han hecho con Montalbano o Brunetti?
—Le voy a dar una primicia. No siento envidia porque acaban de rodarse cuatro episodios en Italia sobre los primeros libros de la saga y me dicen que están teniendo mucho éxito. Han convertido a Petra en italiana y la acción transcurre en Génova. La actriz elegida es Paola Cortellesi. No sé si se emitirá aquí.
—Han pasado tres años desde su novela anterior. Parece demasiado tiempo ahora que muchos autores van a libro por año.
—Me ha costado más que ninguna de la serie, porque he tenido que pelear con muchos detalles. De todos modos, yo no soy de libro por año; como mucho, uno cada dos. Y eso que trabajo cuatro horas diarias, pero repaso, retoco... Si no tuviera esa ocupación, no sabría bien qué hacer. Como mejor estoy es escribiendo las historias que me cuento a mí misma.
—En ese caso, el confinamiento no sería un trauma para usted.
—No. Aunque ahora me he tomado un mes de descanso y estoy encantada de no hacer nada. Pero mi jornada de trabajo es esa, y a partir de las ocho de la tarde estoy leyendo. Por eso el encierro no fue terrible para mí: escribía, leía y luego salía un rato al jardín de mi casa y quitaba hierbas.
—¿Hasta qué punto el gran consumo de series que tanta gente hace ahora es un enemigo de la lectura?
—Es una obsesión que te impide hacer otras cosas, claro. Desde leer a ir a un concierto. Pero como todo lo que es obsesivo, pasará. Y los libros no pasarán.