Antonio Casado A LA ÚLTIMA
Zapatero ya es un aspirante creíble
Rodríguez Zapatero ya es un aspirante creible a La Moncloa. Las entrañas oficiales de la oca (el CIS) lo acreditan por segunda vez en poco tiempo. Por méritos propios y por los visibles desperfectos que se han producido en la causa del «España va bien». Poca facturación electoral, en términos de intención de voto, le ha reportado a Aznar su intento de achicarle los espacios al joven líder socialista durante el Debate del estado de la Nación a mediados de julio, zurcido sobre un bastidor de sombras alargadas: una reciente huelga general y los perejiles del sur (Marruecos) y del norte (órdago nacionalista con ETA al fondo). En aquella última confrontación dialéctica, el presidente eludió la obligación de rendir cuentas para centrarse en el anuncio de veinte compromisos de futuro y nueve ofertas de colaboración con los socialistas. Pero Zapatero no entró al trapo. «Usted ya no tiene tiempo ni credibilidad para prometer nada», le dijo. Aznar se irritó y volvió a incurrir en descalificaciones innecesarias («No me extraña que algunos digan que usted carece de ideas»). Pues el propio CIS confirmaría luego, en un sondeo anterior al que acabamos de conocer, que Zapatero se había mostrado más conocedor y más próximo que el presidente del Gobierno a los problemas de los ciudadanos. También le dijo Aznar a Zapatero, a propósito de la huelga general, que los ciudadanos tomarían nota de su demagógica «oposición de pancarta». Por los nada sospechosos sondeos del CIS, parece que los ciudadanos tomaron nota pero no en la dirección presentida por Aznar. Falta menos de un año para las elecciones territoriales, que serán unas verdaderas primarias. Para Zapatero se cierra la etapa de consolidación y empieza la de vísperas. Conspiran a su favor el calendario y las circunstancias, con Aznar fuera de concurso y el PP sin candidato. El líder del PSOE ya no tiene la imagen expropiada por la necesidad de responder acusaciones de debilidad hacia dentro y hacia fuera. Y sigue contando con dos excelentes resortes para consolidarse sobre la impaciencia o los añorantes de un pasado socialista gloriosamente fenecido. Uno es su juventud, donde anida la fuerza de lo nuevo. Otro es la memoria de la bancarrota socialista, que le protege frente a eventuales operaciones de desestabilización interna.