Diario de León

Javier Fernández Arribas A LA ÚLTIMA

Horrible para George W. Bush

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«Todo lo que va mal puede empeorar» o «Si se cae la tostada será por el lado de la mantequilla y la mermelada». El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, responde a estos parámetros populares en las últimas horas, por no decir en el último año desde el 11-S o desde que ganó la Casa Blanca en dudosa lid de recuento de votos en Florida. Los talibanes afganos se atreven a emboscar a los marines, un tribunal secreto negó ampliar las leyes para espiar a los extranjeros sospechosos de terrorismo porque el Gobierno ya abusa de los derechos que tiene, los aliados europeos no quieren ni oír hablar de un ataque contra Irak, en Oriente Próximo su peso desciende entre los palestinos e israelíes y, para colmo, la popularidad del propio Bush desciende día a día. «Más árboles, menos arbustos», le gritaron en Portland centenares de manifestantes a un presidente cuyo apellido significa arbusto y sus iniciativas contra los incendios se limitan a la tala de árboles en beneficio de la industria maderera que contribuyó a su campaña electoral. Pero parece que la «bula extraordinaria» que la sociedad norteamericana otorgó a un presidente que no supo evitar el ataque del 11-S va llegando a su fin. Bush supo sobreponerse y tomó el liderazgo de la lucha contra el terrorismo internacional con un apoyo total, casi incondicional por parte de todos, pero los resultados concretos en Afganistán y en el interior de Estados Unidos no merecen una extensión del crédito para atacar Irak, ni por parte de sus compatriotas ni de los aliados europeos. Además, sólo en esta semana de polémica sobre un posible ataque contra Sadam Hussein, el precio del barril de petróleo ha subido más de tres dólares y se ha situado en más de 27. Las economías occidentales no soportarían fácilmente una crisis energética que provocaría un notable incremento del paro. Para crisis económicas ya tenemos suficiente con las que acarrean las empresas de Estados Unidos y sus cuentas falsas que socavan la confianza de todos. La muerte de jóvenes soldados en acto de servicio es asumida por la sociedad norteamericana, acostumbrada a grandes sacrificios por la democracia y la libertad, pero no por los intereses electorales de un presidente en apuros. Bush afronta su anno horribilis para desgracia de los estadounidenses, sobre todo, pero también del mundo.

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