Diario de León

Cornada de lobo

Cosa veredes: ranas de jaula

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León

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A ver cómo le cuento ahora a ese pescador ranero de Vidriales -le tenían abrasado a multas los civiles- que hay una empresa interesada en plantar en León un criadero de ranas, la primera granja europea de batracios donde se criaría a base de pienso compuesto la tradicional rana verde con la que él se ganaba su pisto en las enormes charqueras del bajo Órbigo y del Tera, especie que en los últimos años ha descendido en un setenta por ciento, cuando no ha desaparecido en algunos tramos que fueron secularmente imperio del croar. En la universidad han hecho ensayos para esta crianza artificial de ranas en jaulas y aseguran que será un gran negocio. Si viera esto el Chepa -era del barrio de San Esteban y el ranero más fino que he conocido- se le caería el mandil del susto y del acabóse, pues no deja de ser paradójico que la única tierra española en la que la rana ascendía a la gloria culinaria en cestos y cestos de ancas sea ahora una moribundez de la especie y escenario de su cautividad en granja. Recordaría el Chepa sus pescatas desaforadas en los charcones que había entre Cimanes y Llamas. Buenos jornales salieron de estos humedales que flanqueban al río en toda su ribera. Aquí y allá se colaban por el soto ramales de aguas quietas, junqueras, llamargales, tremedales y lagunillas carriceras. Las noches de junio se rompían con alboroto. Sobraban ranas y su profusión era indicio de la salud del río. Pero ahora hay que poner una granja. A los pescadores se les prohibió contundentemente la pesca ranera. Adiós a la cazuelina de ancas y a los efluvios de la cocina en Casa Boño. Ya nadie pudo armar el elemental aparejo para pescarlas: varal, sedal y, por señuelo, un trapo rojo o las dos manos de una rana atadas en el extremo del hilo (nunca entendí la codicia con que zampaban las manos de un congénere). Expulsaron del río a los raneros. La especie entraba en fase vulnerable y de extinción. Pero del río no echaron a los ingenieros que arrasaron lagunas y charqueras rompiendo todo el viejo dibujo fluvial y destruyendo el noventa por ciento de las casas de las ranas, ni expulsaron a los alcaldes modorros que escombraron humedales rellenando los espadañales con vertederos o chopera bestia. Y ahora, ranas de pienso.

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