Diario de León

El cantante Julio Iglesias encandiló anoche a miles de seguidores en una cita en la que no dudó en calificar a León como «una tierra estoica, guerrera, austera, firme y de trabajadores».

Apoteosis en el albero

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LEÓN. R. Suárez
León

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Miles de leoneses se dieron cita anoche en la Plaza de Toros para asistir al concierto que Julio Iglesias ofreció en la ciudad dentro de su gira Entre mi gente. Una convocatoria marcada por el entusiasmo del público asistente, gente de todas las edades, y por el ánimo y buen humor demostrado por el cantante, recibido con gritos y aplausos desde su primera irrupción en escena. Dos pantallas de vídeo, situadas a ambos lados del escenario, ofrecían primeros planos de una actuación que arrancó a los acordes de Quijote. Vestido como suele ser habitual en él, Julio Iglesias dio las buenas noches al tiempo que presumía de ser español «allá donde vaya». Las primeras notas de Agua dulce, agua salá dieron pie a una entrega total por parte de un público que no dudó en cantar el estribillo cuando el intérprete lo requería. Tras cantar Natalie llegó otro de los momentos más celebrados del evento, cuando se quitó la chaqueta para entonar Ae Ao y dar unos tímidos pases de baile provocando el delirio de unos seguidores cada vez más encendidos, entusiasmados y vociferantes. A los gritos de Julio, Julio, el cantante se dirigió al público recordando que hacía treinta y un años que no actuaba en León. «El Reino de León, una tierra estoica, guerrera, austera, firme y de trabajadores». Para proseguir diciendo que «este concierto es para que cuando vayan a casa se junten más, y si tienen algún niño le llamen Julio». Una pareja de bailarines, Osvaldo Zotto y Lorena Ermocida, irrumpieron en el escenario para acompañar a Julio durante la ejecución del tango A media luz. Con sus fans cada vez más entusiasmados, Julio fue desgranando un repertorio en el que tuvieron cabida canciones tan conocidas como Un canto a Galicia, De niña a mujer, Manuela, Me olvidé de vivir, La vida sigue igual, Abrázame, Hey o Que no se rompa la noche. Una experimentada banda de acompañamiento acompañó a Julio en un escenario de 450 metros cuadrados desde el que fluía un espectáculo técnicamente impecable para el que se utilizaron 150.000 watios de sonido y 450.000 watios de luz. Después de treinta y cinco años sobre las tablas, setenta y nueve álbumes publicados y dos centenares de canciones que han alcanzado el éxito, el cantante madrileño demostró su dominio escénico y su capacidad comunicadora en una jornada marcada por una banda sonora que pertenece a la memoria colectiva. Incluso José María Aznar, diciendo que él «venía a contar, no a cantar», le dedicó alabanzas durante el discurso de clausura del congreso regional del Partido Popular ante la atenta mirada del padre del cantante, el doctor Iglesias Puga. Antes del acto, el presidente del Gobierno y el cantante coincidieron en el Hostal de San Marcos, donde se saludaron efusivamente.

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