Un hongo hallado en Lozoya, clave para tratar infecciones graves
No siempre los vemos, pero los hongos están en todas partes. Existen aproximadamente un millón y medio de especies distintas, pero sólo setecientas mil de ellas están descritas. Por eso, no es raro descubrir de forma casual un hongo que, después, no se volverá a ver en la vida. Afortunadamente, en ocasiones, uno de esos descubrimientos acaba siendo todo un hallazgo. Es el caso de Glarea lozoyensis, un hongo que se encontró en el año 1985 en un muestra de agua de una charca cercana al río Lozoya. Hoy es la base de un nuevo fármaco utilizado para combatir las infecciones fúngicas graves en pacientes hospitalizados. Cualquier persona está expuesta, en su vida cotidiana, a agentes infecciosos. Pero ese hecho puede convertirse en un verdadero problema para enfermos con el sistema inmune muy deteriorado. De hecho, uno de cada doce enfermos hospitalizados en UCIs en España adquiere infecciones graves por hongos -generalmente Aspergilus y Candida- y el 90% de ellos muere por esa causa. ¿Los más sensibles? Los pacientes que reciben quimio o radioterapia, los que necesitan la implantación de catéteres venosos o aquellos que padecen enfermedades hematológicas como el linfoma o la leucemia. «Generalmente, aunque no hay reglas establecidas, -explica el doctor José María Fernández Rañada, jefe del servicio de Hematológico del Hospital de La Princesa de Madrid- cuando un enfermo se pone mal se le trata con antibióticos. A veces, la fiebre desaparece, pero otras el antibiótico fracasa; y el motivo más frecuente de este fracaso es que el agente causante de la infección no sea una bacteria sino un hongo». Lo malo, es que la infección por hongos es difícil de diagnosticar y, por norma general, el médico debe actuar con rapidez, de forma empírica.