Horizonte sostenible
Reto de moda, vivir con menos plástico

Plásticos por todas partes. JOSÉ PAZOS
Vivimos rodeados de plástico. Miremos donde miremos, en nuestros hogares, nuestros puestos de trabajo, nuestros coches, juguetes, supermercados… Completamente rodeados, por lo que plantearse vivir con menos plástico (sin plástico es imposible) es todo un reto. No se trata de demonizar al plástico, ni mucho menos. El uso del plástico ha permitido avanzar las sociedades desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, en temas de transporte, ha permitido envasar y transportar grandes cantidades de alimentos minimizando la cantidad y el peso de los embalajes, pudiendo optimizar el número de viajes necesarios. Y sorprendentemente si calculáramos la huella de carbono del uso de algunos plásticos alimentarios, veríamos que es inferior a otro tipo de materiales. Pero sí que es verdad que en las últimas décadas, su uso y producción se está desfasando, sobrepasando todos los límites y llevando a situaciones realmente sin sentido (todos hemos visto la imagen de grandes hipermercados en los que se vende frutas y/o verduras en unidades, empaquetadas en bandejas de porexpan y film transparente, fuera de lugar, se mire por donde se mire).
Por tanto, sirva este artículo no para demonizar el plástico y volvernos esclavos de cualquier otro material si no para reflexionar sobre nuestros usos y recuperar las sabias costumbres de nuestros antepasados, de los que tenemos mucho que aprender, en este y otros muchos temas.
Volviendo al reto de intentar vivir con menos plástico, como en todos los retos, sobre todo en los que conllevan un cambio de hábitos, yo siempre propongo tomárselo con calma. No tendría sentido querer pasar de 0 a 100 en una semana, porque sería agotador, estresante, cansado y conllevaría el abandono, sin duda. Se trata de intentar aplicar el Principio de Pareto, o del 80/20, que implica que aplicando pocos cambios (20%) se consiguen gran parte de los resultados esperados (80%).
El primer paso para intentar huir de los plásticos sería hacer un inventario. Coger libreta y lápiz y empezar a apuntar todo lo que nos rodea en nuestro día a día que está formado por plástico. No os asustéis porque seguro que la lista se hace larga, muy larga, quizás eterna. Es normal. Sin darnos cuenta hemos ido cediendo espacio que tradicionalmente había sido de otros materiales (vidrio, cerámica, textiles, etc) por plásticos de todo tipo. Recordad que bajo el concepto «plástico» se esconden cientos de composiciones químicas que pueden adoptar millones de formas y texturas.
Una vez tengamos nuestra lista hecha, podremos ver más fácilmente qué elementos podemos sustituir por otros materiales o qué costumbres muy asentadas podemos modificar (por ejemplo, fiambreras de plástico por otras de vidrio, bolsas de plástico por bolsas de tela reutilizables o un cesto o carro de la compra, huir de alimentos sobre envasados, comprar a granel, etc). Pero no se trata de volvernos locos y empezar a llenar bolsas de basura con todo el plástico que de repente sobra en nuestras vidas, ¡no! Sería un error. La idea sería ir reemplazando y sustituyendo todos esos elementos por otros más sostenibles conforme se vayan degradando y necesitando ser reemplazados e ir cambiando hábitos poco a poco, para ir afianzándolos.
En resumen, como en todo, primero debemos tomar conciencia y luego ponernos manos a la obra, pero sin presiones.