Diario de León

Cornada de lobo

Mal oficio el de difuntos

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León

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Hoy sí es día de difuntos. Ayer, no. No se entiende, entonces, por qué se oficia en los cementerios el uno de noviembre, siendo como es, según doctrina, la fiesta más fiesta y de mayor gozo místico, pues caben en este día toda la corte celestial, los santos de todo el año y todos los miles de canonizados que el santoral y el calendario olvidan o desechan, así que no parece propio que en jornada de tanta dicha y solemnidad se apesadumbre la feligresía atascándose en idas y venidas a camposantos y escondiendo la pena o el folklore detrás de florerón y crisantemos. El día del rito de muertos y su conmemoración es hoy, día dos. Y los ritos deben ser los ritos; si no, son doble mentira y degeneran. Esto es lo que manda la liturgia, pero la vida se engrana en otras costumbres y se adelanta a las vísperas desde que se borró el carácter festivo y vacante de la fecha, la hicieron laboral y vulgar, no hay tiempo para acudir a los cementerios, así que hoy, Día del Hoyo, la gente está a su bollo. Con sus difuntos cumplió ayer, si lo hizo, y santas pascuas es hoy. ¿Y qué tal estuvo el oficio?, preguntan aquí. ¿El oficio? Mal oficio es el de difuntos, pues hubo de todo en el retablillo de las costumbres, dijo un coruja fisgona que vive bajo teja en el mausoleo familiar más ostentoso de aquel poblado cementerio municipal. De todo: piadoso hormigueo, bullicioso gentío, ramos en celofán y floripondio de güerto, barullo, murmullo, trajín de componer tumbas hasta con estropajo y místerproper, cháchara escandalosa, mucha mujer... los cementerios son un grito embalsamado de mujer; y hembra es también la tierra que acolcha a nuestros muertos; por eso hay siempre más mujeres que hombres en las rutinas anuales del oficio de difuntos... qué mal oficio. Todos saben de la mucha hipocresía y tedioso cumplimiento en estos teatros de santo malvar, pero en los cementerios ocurre como en las residencias de viejos: muchos se quejan de que sólo vienen a verles, y cada vez menos, por el interés o por una mínima vergüenza; sin embargo, otros muchos se lamentan y les dicen a estos «al menos a vosotros os vienen a ver». Pero en un cementerio no vamos a ver, sino a vernos, de la misma forma que cuando lloramos, sólo lloramos por nosotros mismos.

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