Una maestra en el León de postguerra
DF24P6F5-10-46-08-1.jpg
alfonso garcía
Quede dicho como referencia inicial de este lector que estamos ante una novela –histórica como posible acotamiento- realmente extraordinaria y madura, de gran intensidad en el relato y un entramado narrativo diseñado con precisión, que lleva al lector de sorpresa en sorpresa, con intensidad. Son ya cualidades suficientes para que el lector quede atrapado en la lectura, sin posibilidad de abandonarla. Con la presencia transversal de Una mancha de carmín, uno de los títulos de «La Novela Ideal», que tiene claves importantes en este caso, la obra nos sitúa en plena posguerra española. Adela Cruz, con pasado de obrera textil y siempre con un compromiso antifranquista, recala como maestra en León, ciudad provinciana y cerrada en la época. Y de aquí, a Pardesivil. «Está claro que les sobro», comenta. «… nuestra generación –afirma al final, ya en Madrid- está atada de pies y manos por el peso del pasado, por todo lo que nos ha tocado vivir». No se adapta a vivir en la sospecha, a que la miren de reojo o a mantenerse en guardia frente a los delatores mientras los suyos se consumen en la guerrilla o se colocan la máscara del Régimen. De ahí al desfile de antiguos y nuevos amigos y camaradas, secretos y silencios, mentiras y sombras, heridas sin cerrar… Un retrato de la sociedad de la época, con el contraste de ambientes y los cambios impuestos por la guerra.
La línea narrativa sigue estos parámetros. Pero es bueno subrayar que la novela es envolvente, al incorporar historias paralelas al relato. Pienso ahora en que la historia, o las historias de amor, tan precisamente trazadas, suponen un valor de atracción. Todo ello contado con excelente frescura y fluidez narrativa, con deliciosas descripciones y la creación de la atmósfera necesaria que sirve de marco para la historia, escrita con la pulcritud de una prosa que alienta el interés desde el inicio y sin desmayo. Tomen nota de esta novela.