Cornada de lobo
Unas bragas con ojos (II)
Mañanita de domingo chutada en vena comercial, espesa procesión del Dainos Señor Buen Rastro, la cofradía rastrera es así, paseíto fisgón con mil duros en el bolso, siempre hay algo que comprar, le dice esta a la otra, se rebusca en revoltijos, pero no es rastro, sino telares de barato y mandanga, ropa tonta y cueros falsos, tienda pura, no es reventa ni mano segunda ni antigualla, es chollo de mercachifle al salto y hay tenderetes que huelen a mafia de entradores, es un todoacién que aplaca los delirios consumistas del pobre y del mentiroso, ese cretino que quiere vestir de rico firulí y pretencioso con marca falsa, así que te plantas en una orilla de la riada y dejas pasar la gente que va componiendo un retablo de fauna oriunda, una maqueta de quiénes y cómo somos, el espejo de la bruja, aquí los ves ojeando mercancías y baraturas que se extienden a los pies o se ahorcan en perchas y varales, género malejo todo él, aunque todas las maricruces dicen que siempre se encuentra algún chollo chollísimo y repiten cada domingo en gesto compulsivo, ya es manía, todo un rito rutinario, mercadillo rastrero que sólo es rastrillo en el rabo y es asunto de paisanas mayormente, aunque ves marujos al orden uncidos al yugo conyugal, incluso algunos de buen grado, curiosones, y otros bueyes solitarios o jubiletas que van de tres en tres a husmear en la chatarrería oxidada, ferretería escangallada que hay por los suelos, pero manda la paisana y su reojo, pita el mujerío y culebrea entre puestos hozando en las montoneras de ropas y lencerías como hurón en el boscaje, y miran todo, lo que quiere decir que todo lo tocan y todo lo desechan, y donde vean bulto de gentío allí cuelan la mirada raposona, insaciables ellas, no se agotan, alcanzan aquí el orgasmo más fácilmente que con su modorro en la víspera sabatina, aunque hay alguno que también pilla aquí lo suyo, mira ese, paisanote en sus setenta, repasa con mimo la calidad de unas bragas colgadas que son tanga de blonda roja, cómo palpa, hay allí bragas de toda hechura, pero esas rojas espantan, observa, tienen ojos donde se tapa el pubis, y se mueven, nos miran, qué horror, tienen hambre... no dicen cómeme, sino ¡que te como!, uy, qué miedo con este tiempo y estos rastros.