Cornada de lobo
Sexo osuno a calambrazos
De los poquísimos osos que nos quedan en unos cuantos bosques a pie de peña, la mitad son hermanos y la otra mitad primos, de manera que la endogamia campa en su decadente genética o se inhiben de cualquier intento reproductor, tienen melancolía vital, andan cabizbundos y meditabajos, pasan de aparearse, eluden el meneo y la especie tripula un barco fatal que se llama extinción. Así que la autoridad civil y la académica (el parque natural de Cabárceno y la universidad de León) se han puesto de acuerdo para emprender algo sin precedentes, la reproducción asistida del pobre bicho; esto es, se toma un ejemplar del parque santanderino, se le anestesia con dardo y se le hace una gayola de aquella forma (le meten una sonda por la reversa, vulgarmente llamada culo, y someten a las glándulas seminales a una serie de descargas eléctricas que estimulen la emanación; y esto no es forma de hacer una gayola mamporrera y tradicional como Dios manda) para obtener un semen que en la próxima primavera será aplicado con fría jeringa o cánula quirúrgica a una osa en climaterio... a ver si por esas. Qué triste. La poesía natural del apareamiento espontáneo y salvaje amparado por la sombra de un hayedo queda así reducida a un simplón pareado clínico y aséptico; aquí te pillo, aquí te inyecto. Esos oseznos, si llegan al ser, han de salir a la fuerza algo tolilis y vagos. Y de no ver a sus parientes adultos darle al gusto y a la monta, desconocerán olímpicamente con qué tecnica y gimnasia se hace eso de cubrir y empreñar al salto, esperando que sea un veterinario el que venga a resolverles el trance y la obligación estimulando el pizarrín con calambrazos, vaya plan. Mantener osos libres y silvestres con esta asistencia tan artificial establece una contracción peliaguda: ¿merece la pena?, ¿podremos seguir llamando salvaje a esta especie?, ¿tendrán un solo palmo cuadrado de campeo que no esté cruzado por pistas, carreteras, tendidos y ese pedorreo incesante de todoterrenos que todo lo invaden?, ¿de qué comerán si nadie tiene ya ganados ni cortines colmeneros ni frutos ni cultivos ni despensas invernales?, ¿con qué nuevos primos se cruzarán desentendiéndose del escarceo y la coyunda?... Pobres osos.